miércoles, 6 de marzo de 2019

REPARTO DE LAS RELIQUIAS DE 14 MÁRTIRES DIOCESANOS Y CLAUSURA DE LA EXPOSICIÓN “TU GRACIA VALE MÁS QUE LA VIDA” EN LA CATEDRAL.


En una Eucaristía presidida por nuestro arzobispo, Mons. Javier Martínez, parroquias e instituciones recogieron, en la jornada de ayer, las reliquias de un total de 14 beatos mártires del siglo XX en nuestra diócesis clausurándose también la Exposición sobre la historia martirial de la Iglesia de Granada.


La Catedral de Granada acogió en la jornada de ayer, domingo, la celebración de la Eucaristía en la que tuvo lugar el reparto a distintas parroquias e instituciones en nuestra diócesis de las reliquias de un grupo de catorce mártires de nuestra Iglesia diocesana que fueron beatificados en la diócesis de Almería, en 2017, junto a otros cientos de mártires de las persecución religiosa en el siglo XX.
De esta forma, las reliquias repartidas a distintos puntos de nuestra diócesis de Granada estaban compuestas por los restos completos de ocho mártires, de los cuales, seis de ellos reposarán en las localidades de Ogíjares y Valor y otros dos serán ubicados en la parroquia de los Santos Justo y Pastor y en la Abadía del Sacromonte. El grupo lo componen las reliquias de otros seis beatos cuyos restos han sido enviados a otros puntos de la diócesis como el Seminario Mayor “San Cecilio” o la Capilla Real, además del relicario que contiene restos de todos ellos que desde ayer fue expuesto y se ubicará en la Catedral.
UN BIEN PARA NUESTRA IGLESIA
En la Eucaristía, celebrada por Mons. Martínez, y concelebrada por D. Francisco Javier Espigares, Vicario General, y por D. Manuel Reyes, miembro de la Comisión histórica para la causa de los mártires, destacó el gran bien que son estas reliquias para nuestra diócesis:
“Los restos de los mártires son objetos de veneración y nos ayudan a dar gracias a Dios por los bienes que la iglesia recibe por su sacrifico, por su testimonio de fidelidad a Cristo y por su intercesión a favor nuestro ante Dios. Son ejemplo dentro de la comunión de vida que llamamos comunión de los santos”, afirmó.
Por su parte, nuestro arzobispo señaló durante su homilía que los mártires son frutos concretos en la Iglesia de Granada de la Resurrección de Cristo:
“Los mártires sabían que haber conocido a Jesucristo vale más que la vida, que tenerLo es el don más precioso porque teniendo a Jesucristo la vida no se pierde jamás. Nuestro hermanos mártires son frutos de la Resurrección de Cristo, frutos del don que Dios ha hecho a los hombres en Cristo”, destacó.
Antes de finalizar la Eucaristía Mons. Martínez entregó personalmente y repartiendo su bendición a las distintas parroquias, representantes de instituciones y familiares que acudieron a la celebración agradecidos y emocionados, las reliquias de sus venerados beatos.
CLAUSURA DE LA EXPOSICIÓN
Después de cuatro meses de apertura al público en la Catedral de la Exposición “Tu Gracia vale más que la vida”, conmemorando el 450 aniversario de los martirios de las Alpujarras, la muestra fue clausurada también durante la Misa después de recibir durante estos meses la visita de miles de granadinos y visitantes que han podido conocer más la historia del martirio de nuestra Iglesia diocesana. En adelante una parte de la muestra será expuesta en la diócesis de Almería.
María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

domingo, 3 de marzo de 2019

CLAUSURA DE LA EXPOSICIÓN SOBRE LA HISTORIA DE LA IGLESIA MÁRTIR DE GRANADA.


FUENTE: NOTICIAS ARCHIDIOCESIS DE GRANADA.
La exposición diocesana “Tu Gracia vale más que la vida”, dedicada a la historia de la Iglesia mártir de Granada, será clausurada el próximo domingo, 3 de marzo, en la Eucaristía de las 12:30 horas que tendrá lugar en la Catedral.
Los primeros visitantes a la exposición en su inauguración el pasado 1 de noviembre. 
El próximo domingo, 3 de marzo, la Catedral de Granada acogerá la Misa de clausura de la Exposición “Tu Gracia vale más que la vida” que muestra las distintas etapas de la historia martirial de nuestra iglesia diocesana desde su inauguración el pasado 1 de noviembre en conmemoración de los 450 años de los mártires de las Alpujarras.
A lo largo de estos cuatro meses de apertura a todos los granadinos y visitantes la exposición ha recibido a 1.800 visitantes en casi 100 visitas guiadas en grupos además de las miles de visitas turísticas que ha recibido el templo catedralicio mensualmente.
La muestra expone 51 obras de arte entre esculturas, pinturas, orfebrería, grabados y documentos de distintas épocas, procedentes de instituciones de la Iglesia de Granada y de familiares de los mártires dividiendo el recorrido en cuatro etapas que cuentan la historia de los mártires desde la época romana, pasando por la Granada musulmana, la rebelión de los moriscos en la Navidad de 1568 y por último los mártires del siglo XX entre los que se incluyen a los granadinos beatificados en 2017, en Almería, cuyas reliquias de algunos de estos mártires serán también repartidas en la Eucaristía para reposar y ser veneradas en distintos puntos de Granada y provincia.
María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

viernes, 1 de marzo de 2019

PALABRA DE VIDA DE MARZO DE 2019.


«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo» (Lc 6, 36).
Según el relato de Lucas, después de haber anunciado a sus discípulos las bienaventuranzas, Jesús lanza su revolucionaria invitación a amar a cada ser humano como a un hermano, incluso si se demuestra como enemigo.
Jesús lo sabe bien y nos lo explica: somos hermanos porque tenemos un único Padre que está siempre preocupándose de sus hijos. Él quiere entrar en relación con nosotros, nos reclama nuestras responsabilidades, pero al mismo tiempo tiene un amor atento, que cuida, que nutre. Una actitud materna de compasión y ternura.
Así es la misericordia de Dios, que se dirige personalmente a cada criatura humana, con todas sus debilidades; que incluso prefiere a quienes están al borde del camino, excluidos y rechazados. La misericordia es un amor que colma el corazón hasta rebosar sobre los demás, tanto los de casa como los extraños, y en el entorno social.
Como hijos de este Dios, podemos ser semejantes a Él en lo que lo caracteriza: el amor, el acoger, el saber esperar los tiempos del otro.
«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo».
Por desgracia, en nuestra vida personal y social respiramos un aire de hostilidad y competitividad crecientes, de sospecha recíproca, de juicio sin posibilidad de apelación, de miedo al otro; se acumulan los rencores y llevan a los conflictos y a las guerras.
Como cristianos, podemos dar una aportación decidida a contracorriente: hagamos un acto de libertad respecto a nosotros mismos y a otros condicionamientos, y comencemos a reconstruir los vínculos agrietados o rotos en la familia, en el lugar de trabajo, en la comunidad parroquial o en el partido político.
Si hemos hecho daño a alguien, pidamos perdón con valentía y reanudemos el camino. Es un acto de gran dignidad. Y si alguien nos hubiese ofendido de verdad, intentemos perdonarle, hacerle hueco de nuevo en nuestro corazón, de modo que pueda curar la herida.
Pero ¿qué es perdonar?
«Perdonar no es olvidar [...], no es debilidad, [...] no consiste en afirmar que lo que es grave no tiene importancia, o que está bien lo que está mal, [...] no es indiferencia. Perdonar es un acto de voluntad y de lucidez -y por consiguiente de libertad- que consiste en acoger al hermano tal como es y a pesar de todo el mal que nos haya hecho, como Dios nos acoge a nosotros, que somos pecadores, a pesar de nuestros defectos. Perdonar consiste en no responder a la ofensa con una ofensa, sino en hacer lo que dice Pablo: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12,21)».
Esta apertura del corazón no se improvisa. Es una conquista cotidiana, un crecer constantemente en nuestra identidad de hijos de Dios. Sobre todo es un regalo del Padre que podemos y debemos pedirle a Él mismo.
«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo».
Cuenta M., una joven filipina: «tenía solo 11 años cuando mataron a mi padre, pero no se hizo justicia porque éramos pobres. Cuando crecí, estudié derecho con el deseo de conseguir justicia por la muerte de mi padre. Pero Dios tenía otros planes para mí: un compañero me invitó a un encuentro de personas que se esforzaban seriamente en vivir el Evangelio. Y yo también me puse a hacerlo.
Un día le pedí a Jesús que me enseñase a vivir concretamente su Palabra: "Amad a vuestros enemigos" (Mt 5, 44; Lc 6, 27), pues sentía que odiar a las personas que habían matado a mi padre me seguía atormentando. Al día siguiente me encontré en el trabajo con el jefe del grupo. Lo saludé con una sonrisa y le pregunté cómo estaba su familia. Este saludo lo dejó desconcertado, y yo lo estaba aún más por lo que acababa de hacer. El odio estaba diluyéndose dentro de mí, transformándose en amor. Pero no era más que el primer paso: ¡el amor es creativo! Pensé que cada miembro del grupo debía recibir nuestro perdón. Fui con mi hermano a verlos para restablecer la relación con ellos y testimoniarles que Dios los ama. Uno de ellos nos pidió perdón por lo que había hecho y que rezásemos por él y su familia».
LETIZIA MAGRI

jueves, 28 de febrero de 2019

LAS RELIQUIAS DE 14 BEATOS GRANADINOS, MÁRTIRES DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN EL SIGLO XX, SERÁN ENTREGADAS PARA SU VENERACIÓN


En la Eucaristía del domingo 3 de marzo, en la S.I Catedral, a las 12:30 horas. Las reliquias irán a distintos lugares de la Diócesis, como la propia Catedral, Abadía del Sacromonte, Seminario Mayor, Capilla Real, y parroquias de Granada y distintos pueblos. 
Las reliquias de 14 sacerdotes granadinos o vinculados a nuestra Diócesis, beatificados el pasado 25 de marzo de 2017 en Aguadulce (Almería), se entregarán el domingo 3 de marzo en la Eucaristía que se celebrará a las 12:30 horas en la S.I Catedral. 
Los sacerdotes beatos forman parte de la causa de beatificación de José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires de Cristo en la persecución religiosa en España en los años 30. De ellos, 34 nuevos beatos –sacerdotes y seglares- son de nuestra Diócesis de Granada o vinculados a ella, ya que, con anterioridad, una parte del territorio diocesano que hoy es de Almería era de Granada.
 
Relicario diseñado y elaborado para los nuevos beatos granadinos


RELIQUIAS.
Las reliquias de los beatos granadinos que se entregarán en la Santa Misa son pequeños huesos que se distribuirán por distintos lugares de nuestra Diócesis, para la veneración de los fieles e intercesión ante Dios. Todas ellas son de sacerdotes vinculados a nuestra Diócesis de Granada por nacimiento, formación o dedicación pastoral.
Las reliquias se distribuirán en distintos lugares de Granada, así como parroquias de la ciudad y pueblos de la provincia. En algunos casos, las reliquias de un mismo beato estarán distribuidas para la veneración de los fieles en distintos puntos de Granada y provincia.
Además de la S.I Catedral, donde se destinarán la mayoría de las reliquias, los lugares donde irán destinadas estas reliquias, por su vinculación, por ejemplo en sus años de formación, son: Seminario Mayor “San Cecilio”, Abadía del Sacromonte, Capilla Real, y a la institución educativa “Ave María”.
Las parroquias que recibirán estas reliquias son: Ogíjares, Santa Escolástica en Granada, Fuente Vaqueros, Ugíjar, Dehesas Viejas, Albuñol, Torvizcón, Mecina Alfahar, Mairena, Válor, Montefrío, Santa Catalina en Loja, Algarinejo y Vélez de Benaudalla.
Para su veneración, las reliquias se entregan en unos bellos relicarios diseñados y elaborados para los nuevos beatos granadinos.

CLAUSURA EXPOSICIÓN
En esta Eucaristía del 3 de marzo se clausurará también la Exposición diocesana “Tu Gracia vale más que la vida”, que se ofrece en la S.I Catedral desde el pasado 1 de noviembre, en conmemoración de los 450 años de los Mártires de la Alpujarra.
La muestra recorre en cuatro capítulos la historia martirial de nuestra Iglesia de Granada, precedidos de un preámbulo dedicado al protomártir San Esteban. Se exponen 51 obras de arte entre esculturas, pinturas, orfebrería, grabados y documentos de distintas épocas, procedentes de instituciones de la Iglesia de Granada y de familiares de los mártires. La muestra incluye a los granadinos beatificados en Almería en 2017, algunas de cuyas reliquias se entregan este domingo 3 de marzo en la Eucaristía, en la S.I Catedral, a las 12:30 horas.
Tu Gracia vale más que la vida” hace referencia a la afirmación de los mártires, que son mártires porque prefirieron, entre sufrimientos, morir por Cristo que renunciar a la fe.
FUENTE: NOTICIAS ARCHIDIOCESIS DE GRANADA.

viernes, 1 de febrero de 2019

PALABRA DE VIDA DE FEBRERO DE 2019.


«Busca la paz y anda tras ella» (Sal 34, 15)
David expresa en este salmo su alegría y su agradecimiento ante la asamblea: ha conocido el peligro y la angustia pero ha invocado con confianza al Dios de Israel y ha recobrado la paz.
El protagonista de este himno es Dios con su misericordia, su presencia fuerte y decisiva junto al pobre y al oprimido que lo invoca.
Para que otros alcancen la misma salvación, David sugiere varias actitudes del corazón: evitar hacer el mal y en su lugar obrar siempre el bien. Y subraya la necesidad de no difamar al prójimo, pues las palabras pueden llevar a la guerra.
«Busca la paz y anda tras ella»
En el lenguaje bíblico, la paz tiene numerosos significados, como por ejemplo el bienestar físico y espiritual o el acuerdo entre individuos y entre pueblos. Pero en primer lugar es un don de Dios a través del cual descubrimos su rostro de Padre. Por eso es indispensable buscar intensamente y apasionadamente a Dios en nuestra vida, para experimentar la paz verdadera.
Es una búsqueda comprometida, que nos exige hacer nuestra parte siguiendo la voz de la conciencia, la cual siempre nos incita a escoger el camino del bien y no el del mal. En muchos casos sería suficiente con dejarnos alcanzar por Dios, que desde hace tiempo se dedica a buscarnos a cada uno de nosotros.
Como cristianos, tenemos ya una relación íntima con Jesús por el bautismo: Él es el Dios cercano que nos prometió la paz; Él es la paz. Y hemos recibido el don del Espíritu Santo, el Consolador, que nos ayuda también a compartir con los demás los frutos de la paz de Dios que hemos experimentado. Él nos indicará el camino para amar a las personas que tenemos alrededor y así superar los conflictos, evitando acusaciones infundadas, juicios superficiales y maledicencias, y abrir el corazón para acoger al otro.
Quizá no podamos hacer que callen todas las armas que tiñen de sangre tantas regiones de la tierra, pero podemos actuar cada uno personalmente y sanar relaciones heridas en la familia, en nuestra comunidad cristiana, en donde trabajamos o en el tejido social.
El compromiso de una pequeña o gran comunidad decidida a testimoniar la fuerza del amor puede reconstruir los puentes entre grupos sociales, iglesias o partidos políticos.
«Busca la paz y anda tras ella».
Además, el buscar la paz con convicción nos dirá cómo comportarnos adecuadamente para proteger la creación, que también es un regalo de Dios a sus hijos, así como una responsabilidad para con las nuevas generaciones.
Decía Chiara Lubich en 1990 a Nikkio Niwano, fundador del movimiento budista japonés Rissho Kosei-kai: «[...] Si el hombre no está en paz con Dios, la misma tierra no está en paz. Las personas religiosas perciben el "sufrimiento" de la tierra cuando el hombre no la usa siguiendo el plan de Dios, sino solo por egoísmo, por un deseo insaciable de poseer. Este egoísmo y este deseo contaminan el entorno aún más y antes que cualquier otra contaminación, que no es más que su consecuencia. [...] Si descubrimos que toda la creación es regalo de un Padre que nos quiere, será mucho más fácil establecer una relación armoniosa con la naturaleza. Y si además descubrimos que este regalo es para todos los miembros de la familia humana -y no solo para unos cuantos-, pondremos más cuidado y respeto en algo que pertenece a la humanidad entera, presente y futura».
LETIZIA MAGRI

miércoles, 2 de enero de 2019

PALABRA DE VIDA DE ENERO DE 2019.


«Justicia, solo justicia has de buscar» (Dt 16, 20).
El Libro del Deuteronomio se presenta como una serie de discursos pronunciados por Moisés al término de su vida. Este recuerda a las nuevas generaciones las leyes del Señor mientras contempla desde lejos la Tierra Prometida, hacia la cual ha guiado con valentía al pueblo de Israel.
En este libro se presenta la «ley» de Dios en primer lugar como la «palabra» de un Padre que se preocupa de todos sus hijos. Es un camino de vida que Él da a su pueblo para realizar un proyecto de Alianza. Si el pueblo la observa fielmente, por amor y gratitud más que por miedo a los castigos, seguirá disfrutando de la cercanía y la protección de Dios.
Uno de los modos de realizar concretamente esta Alianza, recibida como un regalo de Dios, consiste en perseguir con decisión la justicia. Quien es fiel la pone en práctica cuando recuerda con gratitud la elección que Dios ha hecho de su pueblo y evita adorar a cualquiera que no sea el Señor, pero también cuando rechaza beneficios personales que le ofuscan la conciencia ante las necesidades del pobre.
«Justicia, solo justicia has de buscan».
La experiencia cotidiana nos plantea muchas situaciones de injusticia, incluso graves, que afectan sobre todo a los más débiles, los que sobreviven al margen de nuestra sociedad. ¡Cuántos Caínes usan la violencia contra su hermano o su hermana!
Erradicar las desigualdades y los abusos es una exigencia de justicia fundamental, empezando por nuestro corazón y los lugares donde desarrollamos nuestra vida social.
Y sin embargo, Dios no lleva a cabo su justicia destruyendo a Caín, sino que se preocupa de protegerlo para que reanude el camino (cf. Gn 4, 8-16). La justicia de Dios consiste en dar nueva vida.
Los cristianos hemos conocido a Jesús. Con sus palabras y sus gestos, pero sobre todo con el don de la vida y la luz de la Resurrección, Él nos ha desvelado que la justicia de Dios es su amor infinito por todos sus hijos.
A través de Jesús se nos abre también a nosotros el camino para poner en práctica y difundir la misericordia y el perdón, que es también fundamento de la justicia social.
«Justicia, solo justicia has de buscar».
Este versículo de la Escritura ha sido elegido para celebrar la «Semana de oración por la unidad de los cristianos» de 2019, que en el hemisferio norte se celebra del 18 al 25 de enero. Si acogemos esta Palabra como se nos propone, podremos trabajar para buscar los caminos de la reconciliación, ante todo entre los cristianos. Luego, poniéndonos al servicio de todos, sanaremos eficazmente las heridas de la injusticia.
Así lo experimentan desde hace años cristianos de distintas Iglesias que se dedican conjuntamente a los presos de la ciudad de Palermo (Italia). La iniciativa partió de Salvatore, miembro de una asociación evangélica: «Me di cuenta de las necesidades espirituales y humanas de estos hermanos nuestros. Muchos de ellos no tenían familiares que pudiesen ayudarlas. Se lo confié a Dios y lo hablé con muchos hermanos de mi Iglesia y de otras Iglesias». Añade Christine, de la Iglesia anglicana: «Poder ayudar a estos hermanos necesitados nos da alegría porque hace efectiva la providencia de Dios, que quiere que su Amor llegue a todos a través de nosotros», Y Nunzia, católica: «Nos ha parecido una ocasión tanto para ayudar a estos hermanos necesitados como para contribuir a anunciar a Jesús incluso mediante las pequeñas cosas materiales».
Es un modo de realizar lo que expresó Chiara Lubich en 1998 en la iglesia evangélica de Santa Ana, en Augsburgo, durante un encuentro ecuménico:
«[...] Si los cristianos echamos un vistazo a nuestra historia [...], no podemos dejar de sentir dolor al darnos cuenta de que esta ha consistido en muchos casos en un sucederse de incomprensiones, disputas y luchas. Ciertamente, por culpa de circunstancias históricas, culturales, políticas, geográficas y sociales..., pero también porque ha faltado entre los cristianos su elemento unificador característico: el amor.»
«Un trabajo ecuménico será fecundo de verdad en la medida en que quienes se dedican a él vean en Cristo crucificado y abandonado que se vuelve a abandonar en el Padre, la clave para entender cualquier falta de unidad y para recomponerla. [...] Y la unidad vivida tiene un efecto [...]. Se trata de la presencia de Jesús entre varias personas, en la comunidad. "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre -dijo Jesús-, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20). Jesús entre un católico y un evangélico que se aman, entre anglicanos y ortodoxos, entre una armenia y una reformada que se aman. ¡Cuánta paz ya desde ahora, cuánta luz para un camino ecuménico recto!»,
LETIZIA MAGRI

sábado, 1 de diciembre de 2018

PALABRA DE VIDA DE DICIEMBRE DE 2018.


«Estad siempre alegres en el Señor» (Flp 4, 4).
El apóstol Pablo escribe a la comunidad de la ciudad de Filipo cuando él mismo es objeto de una persecución que lo pone en grave dificultad. Y sin embargo, a estos queridos amigos suyos él les aconseja -es más, casi les ordena- que estén «siempre alegres».
Pero ¿se puede dar semejante mandato? Si miramos a nuestro alrededor, no es fácil encontrar motivos de serenidad, ¡y mucho menos de alegría!
Ante las preocupaciones de la vida, las injusticias de la sociedad y las tensiones entre pueblos, es ya un gran esfuerzo no dejarnos llevar por el desánimo, darnos por vencidos y replegarnos en nosotros mismos.
Pero Pablo nos invita también a nosotros:
«Estad siempre alegres en el Señor».
¿Cuál es su secreto?
«[...] hay una razón por la que, a pesar de todas las dificultades, debemos estar siempre en la alegría. La vida cristiana tomada en serio es la que nos lleva a ello. Esta hace que Jesús viva plenamente dentro de nosotros, y con Él no podemos no estar en la alegría. Él es la fuente de la verdadera alegría, porque da sentido a nuestra vida, nos guía con su luz, nos libera de todo temor, tanto respecto al pasado como en relación con lo que nos espera; nos da la fuerza para superar todas las dificultades, tentaciones y pruebas que podamos encontrar».
La alegría del cristiano no radica en el puro optimismo, en la seguridad del bienestar material ni en la alegría de ser joven y tener salud; más bien es fruto del encuentro personal con Dios en lo profundo del corazón.
«Estad siempre alegres en el Señor».
Esta alegría, sigue diciendo Pablo, nos hace capaces de acoger a los demás con cordialidad, nos dispone a dedicar tiempo a quienes están a nuestro alrededor (cf. Flp 4, 5).
Es más, en otra ocasión Pablo repite con fuerza este dicho de Jesús: «Mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hch 20, 35).
De la compañía de Jesús brota también la paz del corazón, la única que puede contagiar a las personas de alrededor con su fuerza desarmada.
En Siria, a pesar de los graves peligros y estrecheces de la guerra, un numeroso grupo de jóvenes se reunió recientemente para compartir sus experiencias de vivir el Evangelio y experimentar la alegría del amor mutuo; de allí marcharon luego decididos a dar testimonio de que es posible la fraternidad.
Nos escriben algunos participantes: «Se suceden relatos de historias de amargo dolor y esperanza, de fe heroica en el amor de Dios. Unos lo han perdido todo y ahora viven con su familia en un campo de refugiados; otros han visto morir a sus seres queridos [...]. Es fuerte en estos jóvenes el compromiso de generar vida a su alrededor: organizan festivales por las calles implicando a miles de personas, reconstruyen en el centro de un pueblecito una escuela y un jardín que nunca se terminaron a causa de la guerra; ofrecen apoyo a decenas de familias de refugiados [...]. Vuelven a aflorar en el corazón las palabras de Chiara Lubich: "La alegría del cristiano es como un rayo de sol que brilla a través de una lágrima, una rosa florecida en una mancha de sangre, esencia de amor destilada del dolor [...] por eso tiene la fuerza apostólica de un retazo del Paraíso”. En nuestros hermanos y hermanas de Siria encontramos la fortaleza de los primeros cristianos, que en esta tremenda guerra testimonian su confianza y esperanza en Dios Amor y la transmiten a sus compañeros de viaje. ¡Gracias, Siria, por esta lección de cristianismo vivo!»,

LETIZIA MAGRI