«Levantaos, no tengáis miedo»
(Mt 17, 7).
Pedro, Santiago y Juan suben a un monte alto con Jesús y
allí ven la gloria del Maestro y oyen la voz del Padre que lo reconoce como
Hijo. Una experiencia extraordinaria, cara a cara con Dios, que permite a su
criatura conocerlo en su esplendor. El temor los ha hecho caer en tierra, pero
Jesús los toca y les dice:
«Levantaos, no tengáis miedo»
El verbo levantarse
es el mismo con el que el Evangelio expresa la resurrección, y «no temáis»
son las primeras palabras que el Resucitado dirige a las mujeres junto al
sepulcro vacío (Mt 28, 10; cf. 28,
5). Así pues, las palabras de Jesús, fuertes y claras son una decidida
invitación a una vida nueva, que es posible para los discípulos con el toque de
su mano.
También a nosotros nos frenan nuestros miedos, las pruebas
de la vida, situaciones sin salida. No podemos contar solo con nuestras fuerzas
para recuperar el impulso del testimonio, sino más bien con la gracia de Dios,
que siempre nos precede.
«¿Quién no pasa por pruebas? Estas adquieren el cariz del
fracaso, de la pobreza, la depresión, la duda, la tentación... [...] También da
miedo la sociedad materialista e individualista que nos rodea, con guerras,
violencia, injusticias... Ante estas situaciones puede insinuarse también la
duda: ¿dónde ha ido a parar el amor de Dios? [...] Jesús ha entrado de verdad
en cada dolor, ha cargado con todas nuestras pruebas [...] Él es Amor, y es
propio del amor expulsar todo temor. Cada vez que nos asalte un miedo, que
estemos agobiados por un dolor, podemos reconocer la verdadera realidad que se
esconde ahí: es Jesús, que se hace presente [...] dejemos que entre en nuestra
vida. Y luego, sigamos viviendo lo que Dios quiere de nosotros, lanzándonos a
amar al prójimo. Descubriremos que Jesús es siempre Amor. Así podremos decirle,
como los discípulos: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”» (Mt 14, 33)[1].
«Levantaos, no tengáis miedo».
Quien ha vivido el encuentro con Dios en su
vida queda fascinado por su presencia, tocado y curado por su Palabra. El
testimonio de una comunidad cristiana acompaña en esta aventura divina y da
ánimos para salir de uno mismo y reanudar el camino con Jesús y con los
hermanos.
Cuenta una joven siria: «AI final del año pasado mi país
vivió una situación muy difícil, y mi ciudad sufrió una ola de caos y de miedo.
Estaba muy preocupada por mi familia, por mis amigos y por mí misma. Intenté
mantener la esperanza en Dios, procurando ser fuerte a pesar de todo. Antes de
estos sucesos, con los jóvenes con los que vivimos el evangelio, habíamos
planificado varios proyectos de apoyo a familias necesitadas. Pero esta
situación nos obligó a suspender temporalmente toda actividad. AI cabo de unos
días pudimos reunirnos, y encontramos la fuerza y el valor los unos en los
otros. Decidimos no dejarnos vencer por el miedo, poner nuestra confianza en
Jesús y reanudar el camino emprendido. Conseguimos ayudar a más de 40 familias.
«Levantaos, no tengáis miedo».
Después de subir al monte con Jesús para encontrar a Dios y
escuchar su voz, podemos descender con Él, «[...] volver a la llanura, donde
encontramos a muchos hermanos que soportan penalidades, enfermedades,
injusticia, ignorancia, pobreza material y espiritual».[2]
Como comunidad cristiana, también podemos sufrir y
quedarnos confundidos, pero esta Palabra nos empuja a ponernos en movimiento
juntos para llevar a todos «los frutos de la experiencia que hemos tenido con
Dios y compartir la gracia recibida»[3].
Letizia Magri y el
equipo de la Palabra de Vida


