sábado, 3 de febrero de 2018

PALABRA DE VIDA DE FEBRERO DE 2018.

«Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21, 6).
El apóstol Juan escribe el Libro del Apocalipsis para consolar y animar a los cristianos de su tiempo ante las persecuciones que se habían difundido en aquella época. Este libro, lleno de imágenes simbólicas, revela la visión de Dios sobre la historia y su cumplimiento final: su victoria definitiva sobre todo poder del mal. Este libro es la celebración de una meta, de un fin pleno y glorioso que Dios destina a la humanidad.

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Es la promesa de la liberación de todo sufrimiento: Dios mismo «enjugará toda lágrima [...], y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas» (Ap 21,4).
«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».
Esta perspectiva tiene sus brotes en el presente para quienes ya hayan comenzado a vivir buscando sinceramente a Dios y su Palabra, que nos manifiesta sus proyectos; para quien siente arder en él la sed de verdad, de justicia y de fraternidad. Sentir sed, estar en búsqueda es para Dios una característica positiva, un buen inicio, y Él nos promete incluso la fuente de la vida.
El agua que Dios promete se ofrece gratuitamente. De modo que no solo se ofrece a quien espera ser grato a los ojos de Él con su esfuerzo, sino a cualquiera que sienta el peso de su debilidad y se abandone a su amor con la seguridad de ser sanado y de encontrar así la vida plena, la felicidad.
Preguntémonos pues: ¿de qué tenemos sed? Y ¿a qué fuentes vamos a apagarla?
«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».
Quizá tengamos sed de que nos acepten, de tener un lugar en la sociedad, de realizar nuestros proyectos... Aspiraciones legítimas pero que pueden empujarnos a los pozos contaminados del egoísmo, de la cerrazón en nuestros intereses personales e incluso al abuso sobre los más débiles. Las poblaciones que sufren la escasez de pozos con agua pura conocen bien las consecuencias desastrosas de la carencia de este recurso indispensable para garantizar vida y salud.

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Y sin embargo, excavando más adentro en nuestro corazón, encontraremos otra sed que el mismo Dios ha puesto ahí: vivir la vida como un don recibido y que hay que dar. Acudamos, pues, a la fuente pura del Evangelio, liberándonos de esos detritus que tal vez la recubran, y dejémonos transformar también nosotros en fuentes de amor generoso, acogedor y gratuito para los demás, sin pararnos ante las inevitables dificultades del camino.
«Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».
Además, cuando ponemos en práctica entre cristianos el mandamiento del amor recíproco, permitimos a Dios intervenir de un modo muy especial, como escribe Chiara Lubich:
«Cada instante en que tratamos de vivir el Evangelio es una gota de esa agua viva que bebemos. Cada gesto de amor por nuestro prójimo es un sorbo de esa agua. Sí, porque esa agua tan viva y preciosa tiene esta particularidad: brota en nuestro corazón cada vez que lo abrimos al amor por todos. Es una fuente -la de Dios- que da agua en la medida en que su veta profunda sirve para calmar la sed de los demás con pequeños o grandes actos de amor. [...]Y si seguimos dando, esta fuente de paz y de vida dará agua cada vez más abundante, sin secarse nunca. Y hay otro secreto más que Jesús nos reveló, una especie de pozo sin fondo al que acudir. Cuando dos o tres se unen en su nombre, amándose con su mismo amor, Él está en medio de ellos. Y entonces nos sentimos libres, llenos de luz, y torrentes de agua viva brotan de nuestro seno. Es la promesa de Jesús, que se hace realidad porque de Él mismo, presente en medio de nosotros, mana agua que quita la sed para la eternidad».

LETIZIA MAGRI 

miércoles, 10 de enero de 2018

PALABRA DE VIDA DE ENERO DE 2018.

«Tu diestra, Señor, es magnífica en poder» (Ex 15, 6).
La Palabra de vida de este mes recoge un versículo del himno de Moisés, un pasaje del Antiguo Testamento en el que Israel ensalza la intervención de Dios en su historia. Es un canto que proclama la acción decisiva de Dios para la salvación del pueblo durante el largo recorrido desde la liberación de la esclavitud en Egipto hasta la llegada a la tierra prometida.
Es un camino que conoce dificultades y sufrimiento, pero que se realiza bajo la guía segura de Dios y mediante la colaboración de unos hombres, Moisés y Josué, que se ponen al servicio de su designio de salvación.
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«Tu diestra, Señor, es magnífica en poder».
Cuando pensamos en el poder, lo asociamos fácilmente a la fuerza del poder, que suele ser causa de abusos y conflictos entre personas y entre pueblos. En realidad, la palabra de Dios nos revela que el verdadero poder, tal como se manifestó en Jesús, es el amor. Él recorrió toda su experiencia humana hasta la muerte para abrirnos el camino de la liberación y del encuentro con el Padre. Gracias a Él se manifestó el poderoso amor de Dios por el hombre.
«Tu diestra, Señor, es magnífica en poder».
Si nos miramos a nosotros mismos, hemos de reconocer con franqueza nuestras limitaciones. La fragilidad humana es una realidad innegable en todas sus expresiones: física, moral, psicológica y social. Y aquí es precisamente donde podemos experimentar el amor de Dios. En efecto, Él quiere la felicidad para todos los hombres, sus hijos, y por eso está siempre disponible a ofrecer su ayuda poderosa a todos los que se ponen dócilmente en sus manos para construir el bien común, la paz y la fraternidad.
Del Cartel anunciador de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de 2018

Esta frase ha sido elegida sabiamente para celebrar en este mes la «Semana de oración por la unidad de los cristianos». Cuánto sufrimiento hemos sido capaces de infligirnos mutuamente en estos siglos, ahondando grietas y sospechas, dividiendo comunidades y familias.
«Tu diestra, Señor, es magnífica en poder».
Necesitamos pedir mediante la oración la gracia de la unidad, como un don de Dios; al mismo tiempo podemos también ofrecernos para ser instrumentos del amor de Dios para construir puentes. Con ocasión de un congreso en el Consejo Ecuménico de las Iglesias en Ginebra en 2002, Chiara Lubich fue invitada a ofrecer su pensamiento y su experiencia, y dijo:
«El diálogo se desarrolla de este modo: ante todo nos ponemos en el mismo plano que nuestro interlocutor, quienquiera que sea; luego lo escuchamos haciendo el vacío completo dentro de nosotros... De este modo acogemos al otro en nosotros y lo comprendemos... Porque así, escuchado con amor, el otro es estimulado a oír también nuestra palabra».
En este mes aprovechemos nuestros contactos diarios para afianzar o recuperar relaciones de afecto y amistad con personas, familias o grupos pertenecientes a Iglesias distintas de la nuestra.
Y ¿por qué no extender nuestra oración y nuestra acción también a las fracturas dentro de nuestra propia comunidad eclesial, como también en la política, en la sociedad civil y en las familias? Podremos testimoniar también nosotros con alegría: «Tu diestra, Señor, es magnífica en poder».

LETIZIA MAGRI 

viernes, 1 de diciembre de 2017

PALABRA DE VIDA DE DICIEMBRE DE 2017

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).
En su casa de Palestina, un lugar anónimo en la periferia del potente Imperio Romano, una mujer joven recibe una visita inesperada y estremecedora: un mensajero de Dios le trae una invitación y espera su respuesta.
«Alégrate», le dice el ángel al saludarla; y luego le revela el amor gratuito de Dios por ella y le pide que colabore en el cumplimiento de su designio sobre la humanidad.
María acoge con estupor y alegría el don de este encuentro personal con el Señor y, por la plena confianza que deposita en el amor de Dios, también ella se entrega totalmente a este proyecto aún desconocido.
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Con su «¡Heme aquí!» generoso y total, María se pone con decisión al servicio de Él y de la humanidad y, con su ejemplo, indica a todos un modo luminoso de adhesión a la voluntad de Dios.
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Meditando esta frase del Evangelio, Chiara Lubich escribió: «Para cumplir sus designios, Dios solo necesita personas que se entreguen a Él con toda la humildad y la disponibilidad de una esclava. Con su actitud, María -verdadera representante de la humanidad, cuyo destino asume- deja todo el espacio a Dios para su actividad creadora. Pero ya que “siervo del Señor”: además de expresar humildad era también un título de nobleza que se atribuía a los grandes servidores de la historia de la salvación, como Abrahán, Moisés, David y los profetas, con estas palabras María afirma toda su grandeza».
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
También nosotros podemos descubrir la presencia de Dios en nuestra vida y escuchar esa «palabra» que nos dirige a cada uno para invitarnos a hacer realidad en la historia, aquí y ahora, un fragmento de su designio de amor. Pero podríamos sentirnos bloqueados por nuestra fragilidad y por una sensación de ineptitud. En ese caso, hagamos nuestra la palabra del ángel: «Nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37) y confiemos en su poder más que en nuestras fuerzas.
Es una experiencia que nos libera de condicionamientos y de la presunción de bastarnos a nosotros mismos, pone de manifiesto nuestras mejores energías y unos recursos que no creíamos tener y nos hace capaces de responder con el amor.
Cuenta una pareja de casados: «Desde el comienzo de nuestro matrimonio abrimos nuestra casa a los familiares de niños hospitalizados en la ciudad donde vivimos. Han pasado por casa más de cien familias, y siempre hemos procurado ser una familia para ellos. Muy a menudo la Providencia nos ha ayudado a sostener económicamente esta acogida, pero contando con nuestra disponibilidad previa. Hace poco recibimos una suma de dinero y pensamos dejarla en reserva: seguro que le vendría bien a alguien. De hecho, al poco tiempo nos llegó otra petición. Es todo un juego de amor con Dios, y nosotros solo tenemos que ser dóciles y estar al quite».
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
A vivir esta frase del Evangelio nos puede ayudar la sugerencia de Chiara de acoger la Palabra de Dios como hizo María: «...con total disponibilidad, sabiendo que no es palabra de hombre. Siendo Palabra de Dios, contiene en sí la presencia de Cristo. Así pues, acoge a Cristo en ti en su Palabra. Y con una prontitud muy activa, ponla en práctica momento a momento. Si lo haces, el mundo volverá a ver pasar a Cristo por las calles de nuestras ciudades modernas; a Cristo en ti, vestido como todos, trabajando en las oficinas, en las escuelas, en los lugares más variados, en medio de todos».
La imagen es de FANO
En este tiempo de preparación para la Navidad, busquemos también nosotros, como hizo María, algún rato para estar cara a cara con el Señor, por ejemplo leyendo una página del Evangelio.
Procuremos reconocer su voz en nuestra conciencia, iluminada así por la Palabra y sensible ante las necesidades de los hermanos con los que nos cruzamos.
Preguntémonos: ¿de qué modo puedo ser una presencia de Jesús hoy y así contribuir, allí donde vivo, a transformar la convivencia humana en una familia?
El «Heme aquí» con el que responderemos hará que Dios siembre la paz en torno a nosotros y acreciente la alegría en nuestro corazón.

LETIZIA MAGRI 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

ALBOLODUY RECIBE LAS RELIQUIAS DE SU PÁRROCO MÁRTIR, D. ÁNGEL NOGUERA Y DE OTROS CUATRO BEATOS MÁRTIRES

El pasado fin de semana (sábado 11 de noviembre) la Parroquia de San Juan Bautista de Alboloduy se vistió con sus mejores galas para recibir la sagrada reliquia del Beato Ángel Noguera Gallegos, su Párroco Mártir. Todo el pueblo inundó el espacioso templo para tan magno acontecimiento. Asistió la Alcaldesa, Dª Sonia Guil, los emocionados familiares de los Beatos Mártires y la totalidad de las Cofradías acelgueras.
La Santa Misa fue presidida por el Párroco, D. Andrés Francisco Rodríguez Quesada, y cantada por el Coro Parroquial. En la homilía se destacó el carácter sacerdotal de los Beatos, así como su coherencia martirial en aquellas difíciles jornadas de nuestra historia común.


Tras la solemne Eucaristía, los niños del pueblo realizaron una conmovedora ofrenda de coronas de laurel y cirios ante el primoroso altar que acogía la memoria de los Beatos Mártires. Sobre éste se situaba la sagrada reliquia del Beato Ángel en la teca que el Sr. Obispo entregó a la Parroquia. También se encontraba el banderín de cantamisano del Beato José Gómez Matarín, así como la banda de su ordenación, el recordatorio de su Primera Misa y su Breviario. Los fieles pudieron venerar con devoción la sagrada reliquia, siendo obsequiados con un tríptico que sintetiza las biografías de los Beatos Mártires y reproduce las fotografías de sus rostros.
Concluido el acto devocional el Párroco de la Concepción de Albox, D. Antonio Jesús Saldaña Martínez, impartió una conferencia acerca de la Persecución Religiosa del siglo XX en España y presentó una atractiva biografía de cada uno de los Beatos Mártires de Alboloduy. Comenzó por la figura del Párroco, el Beato Ángel Noguera Gallego, que había llegado un año antes al pueblo y que murió mártir con tan solo veintisiete años. Continúo con la biografía del Beato José Gómez Matarín, presbítero nacido en Alboloduy y que fue Párroco de Íllar. Después habló del Beato Antonio García Padilla, que también nació en el pueblo y fue Párroco de Huércal de Almería. Terminó trazando la trayectoria del Beato Francisco Manzano Cruz, abderitano que fue Coadjutor de Alboloduy y, desde allí, preparó para su ingreso en el Seminario al célebre Monseñor D. Alberto Gómez Matarín.

Finalmente, el Párroco cerró la velada con una invitación a recoger la memoria de los Beatos Mártires de Alboloduy y difundir su devoción a las nuevas generaciones.

viernes, 17 de noviembre de 2017

FIESTA DEL BEATO ANGEL NOGUERA GALLEGOS.

6 DE NOVIEMBRE: 
CELEBRACIÓN LITÚRGICA DEL BEATO  JOSÉ ÁLVAREZ BENAVIDES, PRESBÍTERO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES DE ALMERÍA.

Cuando aún recordamos con emoción y agradecimiento los actos de Beatificación del pasado 25 de marzo, la Iglesia de Almería volvía a convocarnos para celebrar el don de nuestros mártires, y esta vez en el día en el que se recordaba su memoria litúrgica,  el 6 de noviembre: “José Álvarez-Benavides, presbítero y compañeros mártires
Para nosotros era un día de fiesta y así nos proponíamos vivirlo, trasladándonos desde Granada a Almería.



En el templo catedralicio, D. Adolfo celebraba la Santa Misa acompañado de muchos sacerdotes y numerosos fieles, entre los que se encontraban familiares de los mártires.
Terminada la Eucaristía, en un ambiente de peregrinación, nos dirigimos a la Iglesia Rectoral de San Miguel Arcángel de San Miguel de las Salinas en el Cabo de Gata, donde se procedió a la entrega a los familiares y párrocos, de tecas con reliquias de los Beatos que fueron identificados. D. Adolfo explico que no se han podido recuperar e identificar un gran número de cuerpos enterrados en fosas comunes.



Fue un emotivo momento de oración de acción de gracias y de alabanza, también de súplica de intercesión de nuestros mártires.



Terminada la entrega de las reliquias, se procedió a la bendición de la cripta martirial que acoge los restos de los Mártires, a la que accedimos todos los asistentes en una actitud de recogimiento, de oración y suplica para que intercedan por nosotros.



Costará trabajo olvidar esta mañana por la experiencia vivida, por el recuerdo de nuestros familiares, sobre todo por los que los acompañaron esos días de dolor y sufrimiento y que hoy ya no están entre nosotros, como es el caso de Antonia, la hermana del Beato Ángel Noguera.




jueves, 2 de noviembre de 2017

PALABRA DE VIDA DE NOVIEMBRE DE 20I7.

«El mayor entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23,11).
Dirigiéndose a la muchedumbre que lo seguía, Jesús anunciaba la novedad del estilo de vida de quienes quieren ser sus discípulos, un estilo «a contracorriente» con respecto a la mentalidad más difundida (cf. Mt 23,1-12).
En su tiempo, al igual que hoy, era común hacer discursos moralistas y luego no vivir con coherencia, sino más bien buscar para uno mismo puestos de prestigio social, modos de destacar y de servirse de los demás para conseguir ventajas personales.
Jesús les pide a los suyos una lógica completamente distinta en las relaciones con los demás; la que Él mismo vivió:

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«El mayor entre vosotros será vuestro servidor»,
En un encuentro con personas deseosas de descubrir cómo vivir el Evangelio, Chiara Lubich compartió así su experiencia espiritual:
«Debemos dirigir siempre la mirada al único Padre de muchos hijos. Después, mirar a todas las criaturas como hijas del único Padre... Jesús, modelo nuestro, nos enseñó solo dos cosas, que son una: a ser hijos de un solo Padre y a ser hermanos los unos de los otros... Así pues, Dios nos llamaba a la fraternidad universal».
Aquí está la novedad: en amar a todos como hizo Jesús, porque todos -tú, yo, cualquier persona en esta tierra- son hijos de Dios, amados y esperados por Él desde siempre.
Así descubrimos que el hermano al que hay que amar concretamente, con los músculos, es cada una de las personas que se cruzan con nosotros cada día. Es mi padre, mi suegra, mi hijo pequeño o ese más rebelde; el preso, el mendigo, el discapacitado; el jefe y la señora de la limpieza; el compañero de partido y quien tiene ideas políticas distintas de las mías; el que es de mi credo y cultura y también el extranjero.
La actitud propiamente cristiana para amar al hermano es servirle:

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«El mayor entre vosotros será vuestro servidor»,
Dice, también Chiara: «Aspirar continuamente al primado evangélico poniéndonos lo más posible al servicio del prójimo [...] Y ¿cuál es el mejor modo de servir? Hacernos uno con cada persona con que nos encontramos, sintiendo en nosotros sus sentimientos: resolverlos como cosa nuestra, que hemos hecho nuestra por amor [...] Es decir, dejar de vivir replegados en nosotros mismos, procurar llevar sus pesos y compartir sus alegrías».
Cualquier capacidad y cualidad positiva que tengamos, todo aquello por lo que podríamos sentirnos «grandes», es una oportunidad de servicio irrenunciable: la experiencia en el trabajo, la sensibilidad artística, la cultura; así como la capacidad de sonreír y de hacer reír; el tiempo que dedicamos a escuchar a alguien que duda o que sufre; las energías de la juventud, como también la potencia de la oración cuando fallan las fuerzas físicas.
«El mayor entre vosotros será vuestro servidor».
Y este amor evangélico desinteresado enciende antes o después en el corazón del hermano el mismo deseo de compartir, renueva las relaciones en la familia, en la parroquia, en los lugares de trabajo o de diversión, y sienta las bases de una nueva sociedad.
Cuenta Hermez, un adolescente de Oriente Próximo: «Era domingo, y nada más despertarme le pedí a Jesús que me iluminase para amar todo el día. Mis padres se habían ido a misa y se me ocurrió limpiar y ordenar la casa. Procuré esmerarme en los detalles y ¡hasta puse flores en la mesa! Luego preparé el desayuno disponiéndolo bien todo. Cuando volvieron mis padres, se mostraron sorprendidos y felices. Aquel domingo desayunamos con una alegría como nunca, dialogamos sobre muchas cosas, y pude compartir con ellos los gestos de amor que había hecho durante toda la semana. Aquel pequeño acto de amor le había dado el tono a un día espléndido».

LETIZIA MAGRI 

jueves, 5 de octubre de 2017

PALABRA DE VIDA DE OCTUBRE DE 2017.

«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo» (Flp 2, 5).
El apóstol Pablo escribe una carta a la comunidad cristiana de la ciudad de Filipo mientras está en la cárcel a causa de su predicación. Precisamente él ha sido el primero en llevar allí el Evangelio, y muchos han creído y se han comprometido con generosidad en la nueva vida, testimoniando el amor cristiano después de que Pablo haya tenido que irse. Estas noticias le dan una gran alegría, y por eso su carta está llena de afecto a los filipenses.
Pablo los alienta a progresar, a seguir creciendo personalmente y como comunidad, y para ello les recuerda su modelo, del cual aprender el estilo de vida evangélico.
«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo».
Y ¿qué «sentimientos» son esos? ¿Cómo es posible conocer los deseos profundos de Jesús para poder imitarlo?
Pablo ha comprendido que Cristo Jesús, el Hijo de Dios, se vació de sí mismo y vino en medio de nosotros; se hizo hombre, totalmente al servicio del Padre, para permitirnos a nosotros convertirnos en hijos de Dios.
Llevó a cabo su misión viviendo toda su existencia de este modo: abajándose continuamente para ponerse a la altura de los más pequeños, los débiles e inseguros, y así aliviarlos y que se sintiesen por fin amados y salvados: el leproso, la viuda, el extranjero, el pecador.
«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo».

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Para reconocer y cultivar en nosotros los sentimientos de Jesús, reconozcamos ante todo en nosotros la presencia de su amor y el poder de su perdón; luego mirémoslo a Él y hagamos nuestro su estilo de vida, que nos apremia a abrir el corazón, la mente y los brazos para acoger a cada persona tal como es. Evitemos cualquier juicio a los demás, y en lugar de eso dejemos que nos enriquezca lo positivo de cada persona con quien nos encontramos, aunque esté oculto tras un cúmulo de miserias y errores y nos parezca una «pérdida de tiempo» buscarlo.
El sentimiento más fuerte de Jesús que podemos adoptar es el amor gratuito, la voluntad de ponernos a disposición de los demás con nuestros pequeños o grandes talentos, para construir con valentía y concretamente relaciones positivas en todos los lugares donde vivimos; es saber afrontar también las dificultades, incomprensiones y divergencias con espíritu de mansedumbre y con la determinación de encontrar caminos de diálogo y de concordia.
«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo».
Chiara Lubich, que durante toda la vida se dejó guiar por el Evangelio y experimentó su poder, escribió: «Imitar a Jesús significa comprender que los cristianos tenemos sentido si vivimos por los demás, si concebimos nuestra existencia como un servicio a los hermanos, si planteamos toda nuestra vida sobre esta base. Entonces habremos realizado lo que más le importa a Jesús. Habremos comprendido el Evangelio. Y seremos en verdad bienaventurados».

LETIZIA MAGRI