lunes, 2 de agosto de 2021

PALABRA DE VIDA DE AGOSTO DE 2021.

 «Quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,4).

¿Quién es el más grande, el más poderoso, el ganador en la sociedad, en la Iglesia, en la política o en el mercado? 

Esta pregunta sobrevuela las relaciones, marca decisiones y determina estrategias. Es la lógica dominante a la que recurrimos -aun sin darnos cuenta-, quizá con el deseo de asegurar resultados positivos y eficientes a quienes tenemos alrededor. 

Aquí el Evangelio de Mateo nos presenta a los discípulos de Jesús que, después de haber acogido el anuncio del Reino de los Cielos, quieren saber los requisitos para ser protagonistas del nuevo pueblo de Dios: «¿Quién es el más grande?», 

Por toda respuesta, Jesús tiene uno de sus gestos imprevisibles: pone a un niño en medio de la gente. Y acompaña este gesto con palabras inequívocas: 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos». 

A la mentalidad competitiva y autosuficiente, Jesús contrapone el elemento más débil de la sociedad, que no tiene tareas que defender ni de las que presumir; aquel que es dependiente en todo y confía espontáneamente en la ayuda de otros. Pero no se trata de aceptar una actitud pasiva y renunciar a ser propositivos y responsables, sino más bien de cumplir un acto de voluntad y de libertad. Lo que Jesús pide es que nos hagamos pequeños, reclama intención y esfuerzo para invertir decididamente el rumbo. 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos». 

Así es como Chiara Lubich profundizó en las características del niño evangélico: «[…] el niño se abandona confiado a su padre y a su madre: cree en su amor. […] El cristiano auténtico, como el niño, cree en el amor de Dios, se arroja en brazos del padre celestial, pone en Él una confianza ilimitada. 

[...] Los niños dependen en todo de sus padres [...]. También nosotros, “niños evangélicos”; dependemos en todo del Padre: [...] sabe lo que necesitamos antes incluso de que se lo pidamos, y nos lo da. Ni siquiera el reino de Dios se conquista, sino que se acoge como un don de las manos del Padre». Chiara subraya además que el niño se entrega totalmente a su padre y lo aprende todo de él. Del mismo modo, «el "niño evangélico" lo deja todo en la misericordia de Dios y, olvidando el pasado, empieza cada día una vida nueva, abierto a las sugerencias del Espíritu siempre creativo. El niño no sabe aprender a hablar por sí solo; necesita que alguien le enseñe. El discípulo de Jesús […] lo aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el Evangelio». 

El niño es muy dado a imitar a su padre. «Del mismo modo, el "niño evangélico" [...] ama a todos, porque el Padre "hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5, 45); es el primero en amar porque Él nos amó cuando aún éramos pecadores; ama gratuitamente, sin interés, porque así lo hace el Padre celestial». 

«Quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos». 

En Colombia, Vicente y su familia han pasado por la prueba de la pandemia, con un régimen de cuarentena muy estricto. Escribe: «Cuando comenzó el toque de queda, el día a día cambió de golpe. Mi mujer y nuestros dos hijos mayores tenían que preparar exámenes de la universidad, y el pequeño no se acostumbraba a estudiar a distancia. Nadie en casa tenía tiempo para preocuparse del otro. Viendo este caos a punto de estallar, comprendí que era una oportunidad para encarnar el arte de amar en nuestra "nueva vida" del Evangelio. Me puse a recoger la cocina, preparar el almuerzo y organizar las comidas. No soy un cocinero experto ni tampoco muy bueno haciendo la limpieza, pero entendía que esto podía ayudar a reducir la ansiedad. Lo que comenzó como un acto de amor puntual se alargó durante meses. Una vez terminadas sus tareas, los demás miembros de la familia se ocuparon de la limpieza, de la ropa y de la- casa. Juntos hemos visto que las palabras del Evangelio son verdaderas y que el amor creativo sugiere cómo poner orden en todo lo demás». 

LETIZIA MAGRI 

jueves, 1 de julio de 2021

PALABRA DE VIDA DE JULIO DE 2021.

 «Ánimo, hija, tu fe te ha salvado» (Mt 9, 22).


La imagen es de FANO

Jesús va caminando, rodeado por la muchedumbre: un padre desesperado le ha rogado que vaya a socorrer a su hija, que está muriendo. Mientras va de camino, sucede otro encuentro: entre la gente se abre paso una mujer que sufre pérdidas de sangre desde hace muchos años; una condición física de graves consecuencias, pues la obliga a limitar los contactos familiares y sociales. La mujer no llama a Jesús, no habla; se acerca por detrás y se atreve a tocar la orla de su manto. Tiene una idea muy clara: «Con solo tocar su manto, quedaré sanada de este sufrimiento que me atormenta».

Y entonces Jesús se vuelve, la mira y la tranquiliza: su fe le ha obtenido la salvación. No solo la salud física, sino el encuentro con el amor de Dios a través de la mirada de Jesús.

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado».

Este episodio del Evangelio de Mateo nos abre también a nosotros una perspectiva inesperada: Dios está siempre en camino hacia nosotros, pero espera también nuestra iniciativa para no faltar a la cita con Él; nuestro camino de fe, aunque accidentado y marcado por errores, debilidades y desilusiones, tiene un gran valor. Él es el Señor de la Vida verdadera y la quiere derramar sobre todos nosotros, hijos e hijas suyos, depositarios a sus ojos de una dignidad que ninguna circunstancia puede suprimir. Por eso, hoy Jesús nos dice también a nosotros:

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado»,

Puede ayudarnos a vivir esta Palabra lo que Chiara Lubich escribió meditando precisamente sobre este pasaje evangélico: «Por su fe, el hombre demuestra claramente que no se fía de sí mismo, sino que se abandona en Alguien más fuerte que él. [...] Jesús llama "hija" a la mujer curada para ponerle de manifiesto lo que en verdad desea darle: no solo un don para su cuerpo, sino la vida divina que la puede renovar enteramente. Pues Jesús obra milagros para que sea acogida la salvación que Él trae, el perdón, ese don del Padre que es Él mismo y que, al comunicarse al hombre, lo transforma. [...] ¿Cómo vivir, pues, esta Palabra? Manifestándole a Dios toda nuestra confianza en las necesidades graves. Esta actitud, claro está, no nos descarga de nuestras responsabilidades, no nos dispensa de hacer toda nuestra parte [...] sino que puede poner a prueba nuestra fe. Lo vemos precisamente en esta mujer que sufre y sabe superar el obstáculo de la muchedumbre que se interpone entre ella y el Maestro. [...] Así pues, debemos tener fe, pero una fe que no duda ante la prueba. Aún más: tenemos que demostrarle a Jesús que hemos comprendido el inmenso don que Él nos ha traído, el don de la vida divina. Y estarle agradecidos. Y corresponder».

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado»,

Esta certeza, además, nos permite llevar la salvación, «tocar» con delicadeza a quien sufre, al necesitado, al que pasa por la oscuridad, por el desconcierto.

Así le pasó a una madre de Venezuela que encontró el ánimo para perdonar: «Buscando ayuda a la desesperada, participé en un encuentro sobre el Evangelio en el que oí comentar las frases de Jesús: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9) Y "Amad a vuestros enemigos" (Lc 6, 35). ¿Cómo podía yo perdonar al que había matado a mi hijo? Pero en mí había entrado una semilla y finalmente prevaleció la decisión de perdonar. Ahora puedo llamarme verdaderamente «hija de Dios». Recientemente me llamaron para un careo con el que había matado a mi hijo, que había sido detenido. Fue duro, pero intervino la gracia. En el corazón no tenía odio ni rencor, sino solo una gran piedad y la intención de encomendarlo a la misericordia».

LETIZIA MAGRI

martes, 15 de junio de 2021

LA “REINA DE RADIO MARIA”, EN LA IGLESIA DE SAN ANTON ESTA SEMANA, EN GRANADA.

 En un recorrido por toda España desde el mes de noviembre, la talla llega a nuestra Archidiócesis, donde permanecerá hasta el 20 de junio.

FUENTE: NOTICIAS ARCHIDIOCESIS DE GRANADA.

Para llevar la esperanza y fe en estos momentos de incertidumbre. Ese es el motivo por el que la talla en madera de Radio María recorre distintos lugares de España, entre ellos Granada, donde se encuentra esta semana, hasta el 20 junio, en la iglesia de San Antón (calle Recogidas).


La Reina de Radio María en Granada
Del 14 al 20 de junio
Iglesia de San Anton
Recogidas 1 GRANADA

Siguiendo ese recorrido, en la iglesia de San Antón puede rezarse ante la "Reina de Radio María”, desde las 18 horas. Comienza con distintos testimonios cada día. A las 19 horas, tiene lugar el rezo del Santo Rosario, con distintas intenciones cada día, y finalmente la Santa Misa a las 19:30 horas. Todo ello, además de asistirse presencialmente con el aforo limitado, podrá seguirse en directo en la frecuencia de radio en Radio María y en su canal en internet www.radiomaria.es.

En estas oraciones, se reza por el fin de la pandemia, así como por los difuntos y enfermos del covid-19. También se ora en el Santo Rosario por el aumento de las vocaciones, por los cristianos perseguidos a causa de su fe y por las familias de Granada.

La talla en madera que recorre España y que esta semana se encuentra en Granada está realizada por artesanos del norte de Italia. La imagen “’Reina de Radio María’ surgió hace varios años, cuando Radio María comenzó su andadura en África y las radios de esta tierra solicitaron una imagen oficial de la Virgen que visitara las distintas localidades y dar así a conocer la Radio”, explica esta emisora en España. La imagen llega a Granada cuando se cumple el 21 aniversario de esta emisora de radio, que conecta a través de las ondas desde la fe y de forma espiritual con numerosas personas.

Las diócesis colaboran con Radio María, a través de sus Delegados de Prensa, en el programa “Revista Diocesana”, en el que informan de las noticias destacadas de sus diócesis. En el caso de Granada, la Delegada de Medios de Comunicación, Paqui Pallarés, informa de las noticias de nuestra diócesis los miércoles, a las 13:30 horas, junto a otras diócesis como Almería, Vitoria o el Arzobispado Castrense.

viernes, 11 de junio de 2021

LA VIDA CAMINO DE SANTIDAD: EL HERMANO ES EL CAMINO.

“Tratemos de estar cerca de aquellos que están solos”


[...] el Dios cercano, más íntimo para nosotros que nosotros mismos, camina con nosotros y conoce cada latido de nuestro corazón.

Con él podemos compartir alegrías, dolores, preocupaciones, proyectos… no estamos solos, tampoco en los momentos de más oscuridad y difíciles.

En él podemos confiar plenamente. No nos decepcionará nunca. si Dios es Amor, la confianza completa es de lógica consecuencia.

Podemos tener entonces la confianza que lleva a menudo a hablar con él, a exponerle nuestras cosas, nuestros propósitos, nuestros proyectos.

Cada uno de nosotros puede entregarse a su amor, seguro de ser comprendido, confortado, ayudado. […]

Fuente: Fidarci dell'Amore - www.cittanuova.it - Citazioni di Chiara Lubich

martes, 1 de junio de 2021

PALABRA DE VIDA DE JUNIO 2021.

«No todo el que me diga: "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7, 21).

Esta frase del Evangelio de Mateo forma parte de la conclusión del gran Discurso de la montaña, en el que Jesús, después de proclamar las bienaventuranzas, invita a quienes lo escuchan a reconocer la cercanía amorosa de Dios e indica cómo actuar en consecuencia: descubrir en la voluntad del Padre la vía directa para alcanzar la plena comunión con Él en su Reino.

«No todo el que me diga: "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial».

Pero ¿qué es la voluntad de Dios? ¿Cómo podemos conocerla?

Así comparte Chiara Lubich su descubrimiento: «La voluntad de Dios es la voz de Dios, que continuamente nos habla y nos invita; es un hilo o, mejor dicho, una trama de oro divina que teje toda nuestra vida terrena y más allá; es el modo que tiene Dios de expresar su amor, un amor que pide una respuesta para que Él pueda realizar en nuestra vida sus maravillas. La voluntad de Dios es nuestro deber ser, nuestro verdadero ser, nuestra realización plena. [...] Repitamos, pues, en cada instante, ante cualquier voluntad de Dios, dolorosa, gozosa o indiferente: "Hágase': [...] Descubriremos que esta simple palabra es un potente impulso, como un trampolín, para hacer con amor, con perfección, con total dedicación lo que tenemos que hacer. [...] Y así iremos componiendo, momento a momento, el maravilloso, único e irrepetible mosaico de nuestra vida, que el Señor ha pensado desde siempre para cada uno de nosotros: Él, Dios, de quien solo se dicen cosas bellas, grandes e inmensas, en las que, hasta la parte más pequeña, como un acto de amor, tiene sentido y resplandece, igual que las flores minúsculas y variopintas tienen su porqué en la belleza sin límites de la naturaleza».

«No todo el que me diga: "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial».

Según el Evangelio de Mateo, la Ley por excelencia del cristiano consiste en la misericordia, que lleva a plenitud toda expresión de culto y de amor al Señor.

Esta Palabra nos ayuda a abrir nuestra relación con Dios, ciertamente personal e íntima, a la dimensión fraterna mediante gestos concretos. Nos empuja a «salir» de nosotros mismos para llevar reconciliación y esperanza a los demás.

Un grupo de jóvenes de Heidelberg (Alemania) nos ofrece este testimonio: «¿Cómo conseguir que nuestros amigos experimenten que la llave de la felicidad se encuentra dándose a los demás? Ese es el punto de partida de nuestra acción, titulada: "Una hora de felicidad': La idea es muy simple: se trata de hacer feliz a otra persona al menos durante una hora al mes. Comenzamos por quienes nos parecían más necesitados de amor, y en todas partes donde nos hemos ofrecido nos han abierto las puertas de par en par. Y así hemos llevado a varios ancianos en silla de ruedas a pasar el rato al parque, hemos ido al hospital a jugar con los niños ingresados y a hacer deporte con personas discapacitadas. Ellos estaban muy contentos, pero, como promete la acción, ¡nosotros lo estábamos aún más! ¿Y nuestros amigos, a quienes invitamos a participar? Primero se mostraban perplejos, y ahora que han probado lo de dar la felicidad, están de acuerdo con nosotros: ¡das la felicidad e inmediatamente la sientes!».

LETIZIA MAGRI

martes, 4 de mayo de 2021

PALABRA DE VIDA DE MAYO DE 2021.

 «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16).

«Dios es amor»: es la definición más luminosa de Dios, que aparece en la Escritura solo dos veces, y precisamente en este texto: una carta -o quizá una exhortación- que resuena en el cuarto Evangelio. De hecho, el autor es un discípulo que testimonia la tradición espiritual del apóstol Juan. Escribe a una comunidad cristiana del siglo I que, desgraciadamente, estaba pasando por una de las pruebas más dolorosas: la discordia, la división, tanto en el plano de la fe como del testimonio.

Dios es amor. Él vive en sí mismo la plenitud de la comunión como Trinidad, y rebosa este amor sobre sus criaturas. A cuantos lo acogen, les da el poder de convertirse en hijos suyos (cf. Jn 1, 12; 1 Jn 3, 1), con su mismo ADN, capaces de amar. Y su amor es gratuito, libera de todo temor y vacilación (cf. 1 Jn 4, 18).

Luego, para que se realice la promesa de la comunión recíproca -nosotros en Dios y Dios en nosotros- hace falta «permanecer» en este mismo amor activo, dinámico, creativo. Por eso los discípulos de Jesús están llamados a amarse unos a otros, a dar la vida, a compartir sus bienes con cualquiera que lo necesite. Con este amor la comunidad permanece unida, profética y fiel.

«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él».

Es un anuncio fuerte y claro también hoy para nosotros, que a veces nos sentimos arrollados por eventos imprevisibles y difíciles de controlar, como la pandemia u otras tragedias personales o colectivas. Nos sentimos perdidos y asustados, y es fuerte la tentación de cerrarnos en nosotros mismos y levantar muros para protegernos de quienes parecen amenazar nuestra seguridad, en lugar de construir puentes para encontrarnos.

¿Cómo es posible continuar creyendo en el amor de Dios en estas circunstancias? ¿Es posible seguir amando?

Josiane, libanesa, estaba lejos de su país cuando se enteró de la terrible explosión en el puerto de Beirut en agosto de 2020. A quienes, como ella, viven la Palabra de vida, les dice: «En el corazón sentí dolor, ira, angustia, tristeza, desconcierto. Me asaltó fuertemente la pregunta: ¿no es suficiente con todo lo que Líbano ha vivido hasta ahora? Pensaba en ese barrio arrasado, en el que nací y viví; donde parientes y amigos ahora estaban muertos, heridos o desalojados; donde edificios, escuelas y hospitales que conozco muy bien habían quedado destruidos. Procuré "estar cerca" de mi madre y mis hermanos, responder a muchísimos mensajes de tantas personas que expresaban apoyo, afecto y oración, escuchando a todos en medio de esta herida profunda que se había abierto. Quería creer y CREO que estos encuentros con quienes sufren son una llamada a responder con el amor que Dios ha depositado en nuestros corazones. Más allá de las lágrimas, descubrí una luz en muchos libaneses, muchos de ellos jóvenes, que se pusieron de nuevo en pie, a mirar alrededor y a socorrer a quienes lo necesitaban. Y me renació la esperanza al ver a jóvenes dispuestos incluso a comprometerse seriamente en política, convencidos de que la solución pasa por el camino del diálogo verdadero, de la concordia, del descubrirnos hermanos, porque lo somos».

«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él».

Una preciosa sugerencia para vivir esta Palabra del Evangelio nos la ofrece Chiara Lubich: «Ya no se puede separar la cruz de la gloria; no se puede separar al Crucificado del Resucitado. Son dos aspectos del mismo misterio de Dios, que es Amor. [...] Una vez hecho el ofrecimiento, procuremos no pensar más en ello, sino cumplir lo que Dios quiere de nosotros allí donde estamos [...]. Procuremos sobre todo amar a los demás, al prójimo que tenemos al lado. Si lo hacemos, podremos experimentar un efecto insólito e inesperado: nuestra alma se inundará de paz, de amor, de alegría pura, de luz. [...] Y, ricos de esta experiencia, podremos ayudar más eficazmente a todos nuestros hermanos a encontrar la bienaventuranza entre las lágrimas, a transformar en serenidad lo que les preocupa. Así seremos instrumentos de alegría para muchos; de felicidad, de esa felicidad que todo corazón humano ambiciona».

LETIZIA MAGRI.