miércoles, 16 de noviembre de 2016

NUESTROS MÁRTIRES: CUESTIÓN DE AGRADECIMIENTO.

"Ellos son del Señor"


En la anterior entrada de esta etiqueta os decía que pensar en tío Ángel, es anhelar ese día en el que junto a ellos podamos proclamar como María, la grandeza del Señor.
Se me viene a la cabeza esa canción que a veces hemos cantado “SOMOS DEL SEÑOR” que responde al texto de Rom. 14, 8. “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos o muramos, del Señor somos”. De ahí que la esa primera entrada, la terminábamos reconociendo que mientras llega ese momento del encuentro con Dios, desde nuestra realidad diaria, con nuestros problemas y limitaciones, pero unidos a ellos, porque creemos en la comunión de los santos, cantamos con ellos y con María: “se alegra nuestro espíritu en Dios nuestro salvador”.
Queda esta realidad por delante.
Pero la otra realidad que nos lleva a escribir, a hablar de tío Ángel, es una cuestión de agradecimiento. Sabemos que fue martirizado el 31 de agosto de 1936. Su hermana reconoció su cadáver en el Pozo de la Lagarta unos años después y fue enterrado en la colegiata de los santos Justo y Pastor de Granada.
Cuántas veces hemos visitado ese lugar en San Justo y Pastor, cuantas veces le hemos rezado, cuantas veces le hemos pedido y encomendado su intercesión. Mucho más ahora, con toda esta realidad del reconocimiento del martirio por el Santo Padre. Si antes lo hacíamos privadamente, ahora la Iglesia lo reconoce, y ahora, la invitación es, desde esta Iglesia particular, a toda la Iglesia, porque: “Creemos en la comunión de los santos”.


De la red
Este creer, anima nuestro peregrinar, nuestro caminar diario, porque sabemos que participamos, en un modo y grado distinto, en el mismo amor a Dios del que ellos ya gozan en el Paraíso y cantamos el mismo himno de alabanza, junto a ellos y desde nuestra realidad y condición concreta, a nuestro Dios. Todos los que somos de Cristo, los que creemos en El, en su Espíritu, formamos junto a ellos y unidos a Él, un solo cuerpo.
«Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él” (LG 49).
Pero como familia suya, y de ahí el título de esta entrada, el agradecimiento es a la persona que ha mantenido vivo en nosotros ese cariño y recuerdo de él, a la que hemos visto tenerlo presente, rezarle, hablarle, hasta cariñosamente pelearse con él: a su hermana Antonia.
En la alegría y seguridad, porque creemos en la comunión de los santos, de que ellos ya están juntos ya miran desde el paraíso por nosotros, en esa constante unión con Cristo que todos los que nos van precediendo viven con El.
Pero no solo cuestión de agradecimiento, sino para que su recuerdo nos refuerce en nuestro amor entre nosotros, para que seamos mejores cristianos, seguidores e imitadores de Cristo, al único que adoramos y amamos, al Mártir por excelencia.

Paco H.

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