sábado, 6 de marzo de 2021
lunes, 1 de marzo de 2021
PALABRA DE VIDA DE VIDA DE MARZO DE 2021.
«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas» (Sal 25, 4).
Este
salmo nos presenta a un hombre que se siente rodeado de peligros y amenazas y
necesita encontrar el camino recto que lo ponga por fin a resguardo. ¿A quién
pedir ayuda?
Consciente
de su debilidad, al final eleva los ojos y clama al Señor, al Dios de Israel,
el cual nunca ha abandonado a su pueblo, sino que lo ha guiado a través del
largo viaje por el desierto hasta la Tierra Prometida.
La
experiencia del camino hace que renazca en el viajero la esperanza; es la
ocasión privilegiada para una nueva intimidad con Dios, para abandonarse
confiadamente al Amor fiel de Él a pesar de su propia infidelidad.
En
el lenguaje de la Biblia, caminar con Dios es también una lección de vida, es
aprender a reconocer su designio de salvación.
«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame
tus sendas»,
A
menudo, después de haber recorrido los senderos de nuestra presunta
autosuficiencia, nos encontramos desorientados, confundidos, nos volvemos más
conscientes de nuestros límites y carencias. Quisiéramos recuperar la brújula
de la vida y así conocer el itinerario hasta la meta.
Este
salmo nos ofrece una gran ayuda; nos incita a experimentar de nuevo o por
primera vez el encuentro personal con Dios, a confiar en su amistad.
Nos
anima a ser dóciles a sus enseñanzas, que nos invitan constantemente a salir de
nosotros mismos para seguirlo por el camino del amor, que Él es el primero en
recorrer para ir a nuestro encuentro.
Puede
ser una oración que nos acompaña durante la jornada y transforma cada momento,
gozoso o doloroso, en una etapa de nuestro camino.
«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame
tus sendas».
En
Suiza, Hedy, casada y madre de cuatro hijos, hace tiempo que procura vivir la
Palabra. Ahora está gravemente enferma, y sabe que está llegando a la meta de
su camino en la tierra.
Cuenta
su querida amiga Kati: «Cada vez que la visito, y también con el personal que
la cuida, Hedy siempre está proyectada en el otro, se interesa por cada uno,
aunque ya le cuesta mucho hablar. Da las gracias a todos por estar ahí y ofrece
su experiencia. ¡Es solo Amor, un vivo Sí a la voluntad de Dios! Congrega a
muchas personas: amigos, familiares, sacerdotes. Todos están profundamente
impresionados por la atención que presta a todas las visitas y por su fuerza,
fruto de su fe en el amor de Dios».
Chiara
Lubich comparó la vida con un «santo viaje»: «[…] El "santo viaje" es
el símbolo de nuestro itinerario hacia Dios. […] ¿Por qué no convertir la única
vida que tenemos en un viaje, un viaje santo, como Santo es Aquel que nos
espera? [...] También quienes no tienen un credo religioso pueden hacer de su
vida una obra maestra y emprender con rectitud un camino de sincero compromiso
moral. Ya que la vida es un "santo viaje" siguiendo el trazado de la
voluntad de Dios, nuestro camino nos pide avanzar todos los días. [...] Pero ¿y
si nos paramos? [...] ¿Debemos abandonar la empresa, desanimados por nuestros
fallos? No; en esos momentos el santo y seña es "volver a empezar"
[...] poniendo toda la confianza en la gracia de Dios más que en nuestras
capacidades. [...] Y sobre todo, caminemos juntos, unidos en el amor,
ayudándonos unos a otros. El Santo estará en medio de nosotros, y Él se
convertirá en nuestro "Camino”: Él nos hará entender más claramente la
voluntad de Dios y nos dará el deseo y la capacidad de ponerla en práctica.
Unidos, todos será más fácil y tendremos la bienaventuranza prometida a quienes
emprenden "el santo viaje"».
LETIZIA MAGRI
lunes, 1 de febrero de 2021
PALABRA DE VIDA DE FEBRERO DE 2021.
«Sed misericordiosos como vuestro Padre
es misericordioso» (Lc 6, 36).
Al
evangelista Lucas le gusta subrayar la grandeza del amor de Dios a través de
una cualidad que, ciertamente, le parece que la describe al máximo: la misericordia.
En
las Sagradas Escrituras, este es -podríamos decir- el rasgo materno del amor de
Dios, con el cual Él cuida de sus criaturas, las conforta, las consuela, las
acoge sin cansarse nunca. Por boca del profeta Isaías, el Señor promete a su
pueblo: «Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en
Jerusalén seréis consolados» (Is 66,13).
Es
un atributo que reconoce y proclama también la tradición islámica: entre los 99
Nombres más Bellos de Dios, los que más frecuentemente se repiten en los labios
del fiel musulmán son el Misericordioso y el Clemente. Esta página del
Evangelio nos presenta a Jesús ante una multitud de personas, algunas
provenientes de ciudades y regiones muy lejanas, haciendo a todos una propuesta
audaz y desconcertante: imitar a Dios precisamente en su amor misericordioso.
¡Una
meta que a nosotros nos parece casi impensable, inalcanzable!
«Sed misericordiosos como vuestro Padre
es misericordioso».
Desde
la perspectiva del Evangelio, para imitar al Padre, ante todo debemos ponernos
cada día detrás de Jesús y aprender de Él a amar tomando la iniciativa, tal
como el mismo Dios hace incesantemente con nosotros. Es la experiencia
espiritual que describe el teólogo luterano Bonhoeffer (1906-1945): «Cada día
la comunidad cristiana canta: "He recibido misericordia”. He obtenido este
don incluso cuando le he cerrado el corazón a Dios, [...] cuando me he
extraviado y no encontraba el camino de regreso. Entonces ha sido la palabra
del Señor la que ha acudido a mí. Y así he comprendido: él me ama. Jesús me ha
encontrado: ha estado cerca de mí, solo Él. Me ha consolado, ha perdonado todos
mis errores y no me ha culpado del mal. Cuando yo era su enemigo y no respetaba
sus mandamientos me trató como a un amigo. [...] Me cuesta entender por qué el
Señor me ama así, por qué le soy tan querido. No puedo entender cómo ha
conseguido y ha querido ganarme el corazón con su amor; solo puedo decir:
"He recibido misericordia"».
«Sed misericordiosos como vuestro Padre
es misericordioso».
Esta
Palabra del Evangelio nos invita a una verdadera revolución en nuestra vida:
cada vez que nos encontremos ante una posible ofensa, podemos no tomar el
camino del rechazo, del juicio inapelable y de la venganza, sino el del perdón,
el de la misericordia.
Más
que cumplir con un deber gravoso, se trata de acoger de Jesús la posibilidad de
pasar de la muerte del egoísmo a la vida verdadera de la comunión.
Descubriremos con alegría que hemos recibido el mismo ADN del Padre, el cual no
condena a nadie definitivamente, sino que da a todos una segunda oportunidad y
abre así horizontes de esperanza.
Adoptar
esta postura también nos permitirá preparar el terreno a relaciones fraternas,
de las que puede nacer y crecer una comunidad humana orientada por fin a la
convivencia pacífica y constructiva.
«Sed misericordiosos como vuestro Padre
es misericordioso».
Es
lo que sugería Chiara Lubich meditando sobre esa palabra del Evangelio de Mateo
(cf. Mt 5, 7) que proclama bienaventurados a quienes practican la misericordia:
«El tema de la misericordia y del perdón invaden todo el Evangelio. [...] Y la
misericordia es precisamente la última expresión del amor, de la caridad, la
que la cumple, es decir, la que la hace perfecta. [...] ¡Tratemos, pues, de
vivir en cada una de nuestras relaciones este amor a los demás en forma de
misericordia! La misericordia es un amor que sabe acoger a cualquier prójimo,
en especial al más pobre y necesitado. Un amor que no mide, abundante,
universal, concreto. Un amor que tiende a suscitar la reciprocidad, que es el
fin último de la misericordia, sin la cual solo habría justicia, que sirve para
crear igualdad pero no fraternidad. [...] Aunque parezca difícil y atrevido,
preguntémonos delante de cada prójimo: ¿cómo se comportaría su madre con él? Es
un pensamiento que nos ayudará a entender ya vivir según el corazón de Dios».
LETIZIA MAGRI
miércoles, 20 de enero de 2021
ROSARIO MEDITADO CON IGINO GIORDANI. LETANIAS.

La parte que más nos conmueve del amor de María es que nos concede amarla: amarla como María, como el Amor de todos; luego el amor la hace Reina, Maestra, Señora, Madre.
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Padre del Cielo, que eres Dios – ten piedad de nosotros
Hijo, Redentor del mundo, que eres Dios – ten piedad de nosotros
Espíritu Santo, que eres Dios – ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios - ten piedad de nosotros
Madre de Dios, ruega por nosotros
Madre del Redentor, ruega por nosotros
Madre de la Eucaristía, ruega por nosotros
Madre Corredentora, ruega por nosotros
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros
Madre de los Santos, ruega por nosotros
Madre Desolada, ruega por nosotros
Madre de la fe, ruega por nosotros
Madre que ama a todos, ruega por nosotros
Madre que ama siempre, ruega por nosotros
Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros
Madre de la buena acogida, ruega por nosotros
Madre que está en el templo para dar audiencia, ruega por nosotros
Madre que abre los corazones y desenreda las zarzas, ruega por nosotros
Madre del condenando, ruega por nosotros
Madre que nos lleva de la mano a la casa de Dios, ruega por nosotros
Madre que nos hace partícipes de la vida de la Trinidad, ruega por nosotros
Madre de la piedad, ruega por nosotros
Virgen que calcina la culpa, ruega por nosotros
Virgen que inmaculatiza el ambiente en el que se vive, ruega por nosotros
Virgen que inmaculatiza el pensamiento, ruega por nosotros
Virgen que hace del cuerpo un altar, ruega por nosotros
Virgen que transforma la plataforma desconectada de la tierra en un altar, ruega por nosotros
Virgen que participa de la impetuosa sed y hambre de justicia social de su gente oprimida, ruega por nosotros
Estancia de la Trinidad, ruega por nosotros
Obra de arte de la Trinidad, ruega por nosotros
Hija del Eterno Padre, ruega por nosotros
Madre del Divino Hijo, ruega por nosotros
Esposa del Espíritu Santo, ruega por nosotros
Brisa de la mañana, ruega por nosotros
Flor que embellece los hogares, ruega por nosotros
Flor que perfuma las casas, ruega por nosotros
Flor de la feminidad, ruega por nosotros
Liturgia amorosa del trabajo, ruega por nosotros
Liturgia amorosa de la enfermedad, ruega por nosotros
Primera colaboradora de la creación, ruega por nosotros
Camino abierto a todos, ruega por nosotros
Camino seguro hacia el Padre, ruega por nosotros
Puente único entre Dios y los hombres, ruega por nosotros
Atajo hacia el eterno Padre, ruega por nosotros
Puerta del paraíso, ruega por nosotros
Desfiladero por donde se entra a casa desde el exilio, ruega por nosotros
Canal de gracia, ruega por nosotros
Corazón de la Iglesia, ruega por nosotros
Gloria de los sacerdotes, ruega por nosotros
Estrella de la noche, ruega por nosotros
Destiladora de dulzura, ruega por nosotros
Oyente de la Palabra de Dios, ruega por nosotros
Eterno coloquio con el Señor, ruega por nosotros
Eterna voluntad de Dios, ruega por nosotros
Rica sólo de la sabiduría de Dios, ruega por nosotros
Maestra de pureza, dulzura y entrega, ruega por nosotros
Refugio en la desolación, ruega por nosotros
Refugio de los humildes, ruega por nosotros
Refugio de los ignorantes, ruega por nosotros
Refugio del alma atribulada, ruega por nosotros
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros
Esperanza del que sufre, ruega por nosotros
Salvación de los descarriados, ruega por nosotros
Viva desembocadura de todas las amarguras, ruega por nosotros
Modelo de maternidad, ruega por nosotros
Modelo de nuestra santificación, ruega por nosotros
Humilde mujer del pueblo, ruega por nosotros
Mujer fuerte bajo la cruz, ruega por nosotros
Mujer Eucarística, ruega por nosotros
Victoria sobre los egoísmos, ruega por nosotros
Reina del Cielo, ruega por nosotros
Reina de los claustros, ruega por nosotros
Reina de la familia, ruega por nosotros
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros
Reina de los milagros, ruega por nosotros
Reina de la unidad, ruega por nosotros
Reina asunta al Cielo, ruega por nosotros
Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros
Reina de la paz, ruega por nosotros
Cordero de Dios quitas los pecados del mundo – Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios quitas los pecados del mundo – Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios quitas los pecados del mundo – Ten piedad de nosotros.
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios,
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración:
viernes, 1 de enero de 2021
PALABRA DE VIDA DE ENERO DE 2021.
«Permaneced en
mi amor: daréis mucho fruto» (cf. Jn 15, 5-9).
Cada
año los cristianos pertenecientes a distintas Iglesias dedican un tiempo común
a la oración para pedir juntos al Padre el don de la unidad, como desea Jesús.
Él
la quiere «para que el mundo crea» (Jn 17, 21): con la unidad podemos cambiar
el mundo, crear comunión, fraternidad y solidaridad. La unidad es
fundamentalmente un don de Dios; por eso es indispensable pedirla al Padre con
insistencia y confianza.
Es
lo que hace un grupo de España que vive la Palabra de vida. Desde hace unos
años se sienten empujados, precisamente en la semana de oración por la unidad
de los cristianos, a pedir la gracia de la unidad y a construir puentes.
Escribe Margarita: «Contactamos con el responsable diocesano de ecumenismo, con
los párrocos, el sacerdote ortodoxo y los pastores evangélicos. Nos recogemos
para rezar como cristianos unánimes, primero en la parroquia católica y luego
en la ortodoxa. En cada ocasión nuestras iglesias se llenan de una alegría que
viene de la presencia de Dios. Es Él quien abre caminos de unidad».
Para
2021, la comunidad monástica de Grandcharnp ha propuesto como luz en este
camino un lema muy eficaz tomado del Evangelio de Juan:
«Permaneced en mi amor: daréis mucho
fruto»,
Es
una invitación apremiante a vivir y trabajar por la unidad de los cristianos en
estos días especiales y a seguir haciéndolo todo el año y toda la vida. Nuestras
divisiones son una herida grave que necesita ser sanada, ante todo con la
misericordia de Dios, y luego con el esfuerzo de conocernos, apreciarnos y dar
testimonio del Evangelio juntos.
Con
estas palabras Jesús nos desvela qué pasos seguros dar: el primero de todos,
«permanecer en su amor.
Para
ello hará falta estrechar más nuestra relación personal con Él, encomendarle
nuestra vida, creer en su misericordia. Pues Jesús «permanece» con nosotros
siempre, fielmente.
Al
mismo tiempo nos llama a ponernos tras Él con decisión para hacer de nuestra
existencia un regalo al Padre, como Él; nos propone imitarlo afrontando con
delicadeza las necesidades de cada persona con la que compartimos una parte
pequeña o grande de nuestra jornada, con generosidad y desinterés, para así dar
«mucho fruto».
«Permaneced en mi amor: daréis mucho
fruto»,
Resuenan
muy actuales las palabras que Chiara Lubich pronunció en Ginebra en octubre de
2002 durante las celebraciones del Día de la Reforma: «[...] ¡Cuánta necesidad
de amor en el mundo! [...] (Jesús) dijo que el mundo nos reconocería como
suyos, y lo reconocería a Él a través de nosotros, por el amor recíproco, por
la unidad: "En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis
unos a otros" (Jn 13,35). [...] Lo hemos entendido: el tiempo presente
reclama amor de cada uno de nosotros, reclama unidad, comunión, solidaridad. Y
llama también a las Iglesias a recomponer la unidad desgarrada desde hace
siglos. Esta es la reforma de las reformas que el Cielo nos pide. Es el primer
paso, necesario, hacia la fraternidad universal con todos los demás: hombres y
mujeres del mundo. Pues el mundo creerá si estamos unidos. Lo dijo Jesús: «Que
todos sean uno [...] para que el mundo crea» (Jn 17,21). ¡Dios lo quiere! [...]
Que Él nos dé la gracia, si no de ver realizado todo esto, al menos de
prepararlo».
LETIZIA MAGRI.







