viernes, 7 de febrero de 2025

PALABRA DE VIDA DE FEBRERO DE 2025.

 

«Examinadlo todo y quedaos con lo bueno» (1 Ts 5, 21).

La Palabra de este mes está tomada de una serie de recomendaciones finales que el apóstol Pablo da a la comunidad de los tesalonicenses: «No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal» (1 Ts 5, 19-22). Profecía y discernimiento, diálogo y escucha. Estas son las indicaciones de Pablo a una comunidad que había emprendido hacía poco el camino de la fe.

Entre los variados dones del Espíritu, Pablo estimaba mucho el de la profecía[1]. El profeta no es aquel que prevé el futuro, sino más bien quien tiene el don de ver y entender la historia personal y colectiva desde el punto de vista de Dios.

Pero todos los dones están guiados por el don más grande, la caridad, el amor fraterno (cf. 1 Co 13). Agustín de Hipona afirma que solo la caridad permite discernir qué actitud tomar ante cada situación[2].

«Examinadlo todo y quedaos con lo bueno»

Hace falta estar en condiciones de mirar no solo los dones personales, sino también el gran potencial y la complejidad de visiones y opiniones que se abren ante nosotros, en aquellas personas que tenemos al lado y con las cuales nos confrontamos, incluso en personas con las que nos cruzamos por casualidad. Es importante mantener con todas la autenticidad del corazón y también ser conscientes de nuestro punto de vista limitado.

Podríamos adoptar esta Palabra de vida como lema en cualquier situación de diálogo y de confrontación. Escuchar al otro, no necesariamente para aceptarlo todo, pero sí sabiendo que es posible encontrar algo bueno en lo que dice, favorece una apertura mental y del corazón.

Es hacer el vacío dentro de nosotros por amor y así tener la posibilidad de construir algo juntos.

«Examinadlo todo y quedaos con lo bueno»

El padre Timothy Radcliffe, uno de los teólogos que participaron en el Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica, ha afirmado que «lo más valiente que podemos hacer en este sínodo es ser sinceros entre nosotros respecto a nuestras dudas y preguntas, aquellas para las que no tenemos respuestas claras. Entonces nos acercaremos como compañeros de búsqueda y mendigos de la verdad»[3].

En una charla con focolarinos, Margaret Karram comentó así esta reflexión: «Pensando en ello, me he dado cuenta de que muchas veces no he tenido el valor de decir verdaderamente lo que pensaba: quizá por temor a no ser entendida, o tal vez para no decir algo completamente distinto de la opinión de la mayoría. He entendido que ser "mendigos de la verdad" significa tener los unos con los otros esa actitud de proximidad en la que todos queremos lo que Dios quiere, en la que todos juntos buscamos el bien»[4].

«Examinadlo todo y quedaos con lo bueno».

Es la experiencia de Antía, que participa en el grupo de artes escénicas Mosaico, nacido en España en 2017 como Gen Rosso Local Project. Está compuesto por jóvenes que ofrecen su experiencia de fraternidad a través de su arte y de sus talleres. Antía nos cuenta: «Es la conexión con mis valores: un mundo fraterno, dando cada uno (sea muy joven, inexperta, vulnerable...) su aportación a este proyecto. Mosaico me hace tener fe en que un mundo más unido no es una utopía, a pesar de las dificultades y el gran trabajo que conlleva. He crecido trabajando en equipo, con diálogo brutal y renunciando a esas ideas mías que consideraba las mejores. Y es que "lo bueno" se construye pieza a pieza entre todos»[5].

 

Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de vida



[1] Cf. JUAN PABLO II, Audiencia general, 24-6-1992, n. 7.

[2] AGUSTÍN DE HIPONA, Ep. Jo., 7, 8.

[3] T. RADCLlFFE, Meditazione n. 3, Amicizia, Sinodo dei Vescovi, Sacrofano 2-10-2023.

[4] M. KARRAM (presidenta del Movimiento de los Focolares). Charla con los focolarinos, Rocca di Papa 3-2-2024.

[5] Mosaico GRPL forma parte del proyecto Fuertes sin violencia, que organiza talleres multidisciplinares con jóvenes durante tres días, procurando transmitir valores como la no-violencia, la paz y el diálogo a través del arte Cf. revista LAR, n. 1, Primavera 2024, p. 11.

miércoles, 1 de enero de 2025

PALABRA DE VIDA DE ENERO DE 2025.

 

La imagen es de Fano

«¿Crees esto?» (Jn 11,26).

Jesús está llegando a Betania, donde Lázaro lleva muerto cuatro días. Informada de ello, su hermana Marta corre esperanzada a su encuentro. Jesús los quería mucho a ella, a su hermana María y a Lázaro, como subraya el Evangelio (cf Jn 11, 5). Aun en medio del dolor, Marta manifiesta al Señor su confianza en Él, convencida de que si hubiese estado presente antes de morir su hermano, este seguiría vivo, pero que incluso ahora, cualquier petición que hiciera a Dios sería atendida. «Tu hermano resucitará» (Jn 11,23), afirma entonces Jesús.

«¿Crees esto?»

Después de haber aclarado que se refiere a la vuelta de Lázaro a la vida física aquí y ahora, y no solo a la que le espera al creyente después de la muerte, Jesús le pide a María la adhesión de la fe, y no solo para realizar uno de sus milagros -que el evangelista Juan llama «signos»-, sino para otorgarle a ella, como a todos los creyentes, una vida nueva y la resurrección. «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25), afirma Jesús. Y la fe que le pide es una relación personal con él, una adhesión activa y dinámica. Creer no es como aceptar un contrato que se firma una vez y ya no se vuelve a mirar, sino un hecho que transforma e impregna la vida diaria.

«¿Crees esto?»

Jesús invita a vivir una vida nueva aquí y ahora. Nos invita a experimentarla cada día, sabiendo que, como hemos vuelto a descubrir en Navidad, él mismo nos la ha traído, tomando la iniciativa de venir a buscarnos y viniendo entre nosotros.

¿Cómo responder a su pregunta? Miremos a Marta, la hermana de Lázaro. En el diálogo con Jesús le brota una profesión de fe plena en él. El original griego la expresa aún con más fuerza. El «yo creo» que ella pronuncia significa «he alcanzado a creer», «creo firmemente» que «tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que iba a venir al mundo» (cf Jn 11, 27), con todas las consecuencias. Es una convicción madurada con el tiempo, puesta a prueba en las diversas circunstancias que ha afrontado en la vida.

El Señor me dirige su pregunta también a mí. También a mí me pide una confianza generosa en él y la adhesión a su estilo de vida, fundado en el amor generoso y concreto a todos. La perseverancia madurará mi fe, que se reforzará al constatar día tras día la verdad de las palabras de Jesús puestas en práctica, y que no dejará de expresarse en mi actuar diario con todos. Para empezar, podemos hacer nuestra la oración de los apóstoles a Jesús: «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5).

«¿Crees esto?»

«Una de mis hijas había perdido el trabajo a la vez que todos sus compañeros, ya que el gobierno había cerrado la agencia pública donde trabajaban -cuenta Patricia, de Latinoamérica-. Como forma de protesta, habían organizado una acampada ante la sede. Yo procuraba apoyarlos participando en algunas de sus actividades, llevándoles comida o simplemente parándome a hablar con ellos. El Jueves Santo, un grupo de sacerdotes que los acompañaba decidió celebrar una ceremonia en la que se ofrecían también espacios de escucha, se leyó el Evangelio y se llevó a cabo el gesto del lavatorio de pies en recuerdo de lo que había hecho Jesús. La mayor parte de los presentes no eran personas religiosas; sin embargo, fue un momento de profunda unión, fraternidad y esperanza. Se sintieron abrazados, y, emocionados, daban las gracias a aquellos sacerdotes que los acompañaban en medio de la incertidumbre y el sufrimiento».

Esta palabra de Jesús ha sido elegida lema para la Semana de oración por la unidad de los cristianos de 2025. Así pues, recemos y apliquémonos para que nuestra creencia común nos mueva a buscar la fraternidad con todos: esta es la propuesta y el deseo de Dios para la humanidad, pero requiere nuestra adhesión. La oración y la acción serán eficaces si nacen de esta confianza en Dios y de nuestro actuar en consecuencia.

Silvano Malini y el equipo de la Palabra de vida

domingo, 8 de diciembre de 2024

DIÁLOGO DE LOS TRES PEREGRINOS. (Diálogo trinitario)

 


Dios le pide a su Hijo que se haga hombre

¡Ve rápido, te esperan!

Hijo: “Pero si me rechazan....Será terrible para ellos”

Padre: “El Espíritu te preparará una criatura tan libre que será incapaz de decir que no; una criatura tan auténtica que llegará a ser lo que nosotros deseamos; tan pura que estará feliz de ayudarnos”

Hijo: “¿Y Me dará también su cuerpo?”

Padre: “Ciertamente, su cuerpo, le pediremos a una mujer su carne y su sangre”

Hijo: “¿Y podre elegir a mi madre?”

Padre: “A ningún hijo de Adán le ha sido concedido un privilegio similar

Pero a ti te será dado. Tú la amarás y la concebirás antes de que ella Te conciba y Te ame.

Este amor tuyo la hará ante mis ojos más bella si cabe que ninguna otra criatura.”

Hijo...”Y ella...Me podrá elegir?”

Padre: “Le será concedido lo que a ninguna otra madre le fue dado.

Ella sabrá que Tú existías antes de que ella te diera la vida.

Te amará como se ama al Esposo antes incluso que amarte como Hijo

Este Amor hará de ti el más bello de los hijos de hombre y por tus venas correrá su sangre; una sangre purificada por el Espíritu. Tomarás el color de sus ojos; unos ojos que el Espíritu habrá llenado de Luz.

Al compás del tuyo, latirá un corazón que el Espíritu habrá sosegado y unificado. Tendrás unos rasgos tan semejantes a los de tu madre como ningún otro hijo jamás los ha recalcado de quien lo ha generado...

¡De la misma manera que en otro tiempo Adán se semejaba a ti! Sólo de Ella recibirás todo aquello que te hará hombre. Solo Ella, y nadie más, te transmitirá la vida. Te precederá como Madre, Te acogerá como Esposa. Te nutrirá con el pan de la tierra y te dará a beber el agua de su pozo.”

Y, el Padre le dice al Espíritu:

“Te envío sobre Miriam.

Por tu bondad, desciende sobre ella, bendícela, santifícala. Imprégnate de su cuerpo y de su sangre para hacer de ellos el Cuerpo y la Sangre de mi Único

Hijo, para que todos aquellos que participen de ellos se vean liberados del demonio y, rebosantes de ti, obtengan la Vida Eterna”

El Padre le dice al Hijo:

"Hijo, engendrado cuando no existían todavía manantiales de agua, ve a deleitarte entre los hijos de los hombres, haciendo de ellos Tu alegría y la Mía cada día. Levanta Tu tienda en Miriam, echa raíces en su campo. Crece en Ella como el magnífico olivo en la planicie. Tus ramas serán de Gloria y de Gracia.

Celebra Nuestra Divina liturgia en el interior de su campo, perfume de incienso en Mi presencia."

Y así, delante de una jovencita, la Gloria se hace mendiga. Entre la una y la otra se desarrolla un inaudito diálogo:

Dios: “¿Quieres ofrecerle al Hijo preferido la única cosa que no puedo darle; que lo que sólo tú puedes confiarle,… .el rostro de Adán?"

María: “Todo lo que me pertenece es Tuyo”.

Dios: “Ofrecerle la carne como se echa leña al fuego.

El fuego -¿Sabes?- tiene sus ocultas preferencias… Y tu madera es de purísimo olivo

María: “Yo soy la madera y Tú eres el fuego, pero… ¿Dónde está el cordero?

Dios: “Yo proveeré, Hija mía”

María: “Este es mi cuerpo ahora ofrecido a Ti Esta mi sangre que ya corre por ti”.

Dios: “Sangre de una nueva Alianza, será derramada para que cada pecado sea borrado y el mundo purificado, empezando por ti.”

María: “Como quieras Tú, Padre, no como yo quiero”.

Dios: “Aquel que es todo para mí, te pertenece ahora a Ti”

Y he aquí que:" La Gloria llega del oriente con la sonora voz de grandes aguas.

Y la Gloria del Señor entra en la Casa, por la puerta que mira a oriente. Este umbral permanecerá siempre cerrado porque por ahí ha pasado el Dios de Israel. El príncipe descansará ahí, para tomar su comida. El Espíritu me hizo entrar en el patio más íntimo y oí que me hablaban desde la Casa: Hijo del hombre, este es el lugar de mi trono y el sitio de mi santuario.

Aquí viviré entre mi pueblo, para siempre. ¡De hoy en adelante el nombre de la

Ciudad será: el Señor está aquí!" ¡Shamma!

Albert Camus

* * * *

"¡Querría postrarme en el suelo para adorar al Amor que ha mandado a nuestra tierra, en un cuerpo vulnerable, la real dulzura de Jesús... Tan incomparable y divinamente cerca que se ha hecho carne... El Corazón se ha hecho cuerpo!

La sobrecogedora Misericordia ha querido tener manos para tocar, y tocar incluso antes de nacer, el aterciopelado seno materno y puro, tocar sus párpados, dormir sobre el pecho de María...

La Misericordia ha conseguido tener un cuerpo."

Monseñor Klaus Hemmerle


LA BELLEZA DE MARÍA.

 


Eres más pura que el sol más hermosa
que las perlas que ocultan los mares
sólo tú entre tantos mortales
fuiste libre del yerro de Adán.

¡Salve, Salve! cantaban, María,
¡que más pura que tú: sólo Dios!
y en el cielo una voz repetía:
¡más que tú... sólo Dios, sólo Dios!

Con torrentes de luz que te inundan,
los Arcángeles besan tu pie,
las estrellas tu frente circundan,
y hasta Dios con orgullo te ve.

¡Salve, Salve! cantaban, María,
¡que más pura que tú: sólo Dios!
y en el cielo una voz repetía:
¡más que tú... sólo Dios, sólo Dios!

Pues llamándote Pura y sin mancha,
de rodillas los mundos están,
y tu espíritu arroba y ensancha
tanta fe, tanto amor, tanto afán.

¡Salve, Salve! cantaban, María,
¡que más pura que tú: sólo Dios!
y en el cielo una voz repetía:
¡más que tú... sólo Dios, sólo Dios!

¡Ay! Bendito el Señor, que en la tierra
pura y limpia te pudo formar,
como forma el diamante la sierra,
como cuaja las perlas el mar.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

PALABRA DE VIDA DE DICIEMBRE DE 2024.


«Nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37).

La imagen es de Fano, tomada de la red

En el relato de la Anunciación, el ángel Gabriel visita a María de Nazaret para darle a conocer los planes de Dios sobre ella: concebirá y dará a luz un hijo, Jesús, que «será grande y será llamado Hijo del Altísimo» (Lc 1, 32). Este episodio sigue la estela de otros eventos del Antiguo Testamento que llevaron a mujeres estériles o muy ancianas a nacimientos prodigiosos, cuyos hijos habrían de desarrollar una tarea importante en la historia de la salvación. Aquí, aunque María quiere adherirse con plena libertad a la misión de convertirse en la madre del Mesías, se pregunta cómo podrá suceder, siendo ella virgen. Gabriel le garantiza que no será obra de hombre: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1, 35). Y añade:

«Nada es imposible para Dios»

Esta certeza, que significa que ninguna declaración o promesa de Dios quedará incumplida -pues no hay nada imposible para ÉI-, se puede formular también de este modo: nada es imposible con Dios. De hecho el matiz del texto griego -con, o cerca de o junto a- ilumina su estar cerca del hombre. Es al ser humano o a los seres humanos, cuando están junto a Dios y libremente se adhieren a Él, a los que nada les es imposible.

«Nada es imposible para Dios»

¿Cómo poner en práctica esta palabra de vida? Ante todo, creyendo con gran confianza que Dios puede actuar incluso dentro y más allá de nuestras limitaciones y debilidades, así como en las condiciones más oscuras de la vida.

Esa fue la experiencia de Dietrich Bonhoeffer, que, durante la reclusión que lo llevaría al suplicio, escribe: «Debemos sumergirnos una y otra vez en el vivir, hablar, actuar, sufrir y morir de Jesús para reconocer lo que Dios promete y cumple. Es cierto [...] que para nosotros ya no hay nada imposible, porque nada hay imposible para Dios; [...] es cierto que no debemos pretender nada y que sin embargo podemos pedirlo todo; es cierto que en el sufrimiento se oculta nuestra alegría y en la muerte nuestra vida ... A todo esto Dios dijo sí y amén en Cristo. Este sí y este amén son el terreno firme en el que nos mantenemos»[1].

«Nada es imposible para Dios»

Cuando tratamos de superar la aparente «imposibilidad» de nuestra insuficiencia para alcanzar la «posibilidad» de una vida coherente, cumple un papel determinante la dimensión comunitaria, que se desarrolla allí donde los discípulos viven entre ellos el mandamiento nuevo de Jesús y así se dejan habitar, cada uno y todos juntos, por el poder de Cristo resucitado.

Escribía Chiara Lubich en 1948 a un grupo de jóvenes religiosos: «¡Y adelante! No con nuestra fuerza, miserable y débil, sino con la omnipotencia de la Unidad. He constatado, palpado, que Dios entre nosotros realiza lo imposible: ¡el milagro! Si permanecemos fieles a nuestra divisa [...] el mundo verá la Unidad y, con ella, la plenitud del Reino de Dios»[2].

Hace años, cuando estaba en África, muchas veces me encontraba con jóvenes que querían vivir como cristianos y me hablaban de las muchas dificultades que encontraban cada día en su entorno para permanecer fieles a los compromisos de la fe y a las enseñanzas del Evangelio. Hablábamos de ello durante horas, y al final siempre llegaban a la misma conclusión: «Solos es imposible, pero juntos podemos». Lo garantiza el propio Jesús cuando promete: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre (en mi amor), ahí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Y con él todo es posible.

Augusto Parody Reyes y el equipo de la Palabra de Vida



[1] D. BONHOEFFER, Resistenza e resa, San Paolo, Cinisello Balsamo 1988, p. 474. Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) fue un teólogo y pastor luterano alemán, protagonista de la resistencia al nazismo.

[2] C. LUBICH, El primer amor. Cartas de los inicios (1943-1949), Ciudad Nueva, Madrid 2018, 180.

jueves, 31 de octubre de 2024

PALABRA DE VIDA DE NOVIEMBRE DE 2024.

 

«Esta viuda, en cambio, ha echado todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44).


La imagen es de FANO, tomada de la red

Estamos en la conclusión del capítulo 12 del Evangelio de Marcos.

Jesús está en el templo de Jerusalén; observa y enseña. A través de su mirada asistimos a una escena llena de personajes: gente que va y viene, encargados del culto, notables de largos ropajes, hombres ricos que echan sus magníficas ofrendas en el tesoro del templo. Entonces se adelanta una mujer viuda; forma parte de una categoría de personas necesitadas social y económicamente. Ante la indiferencia general, echa en el tesoro dos moneditas. Pero Jesús sí repara en ella, llama a sus discípulos y les enseña:

«Esta viuda, en cambio, ha echado todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir»

«Os digo de verdad...» son las palabras que introducen las enseñanzas importantes. La mirada de Jesús, concentrada en la pobre mujer viuda, nos invita a mirar en la misma dirección: ella es el modelo de discípulo. Su fe en el amor de Dios es incondicional; su tesoro es Dios mismo. Y al entregarse totalmente a Él, desea además dar todo lo que puede para quienes son más pobres.

En cierto modo, este abandonarse con confianza en el Padre es un anticipo del don de sí mismo que Jesús pronto cumplirá con su pasión y muerte. Es esa «pobreza de espíritu» y «pureza de corazón» que Jesús proclamó y vivió. Significa «poner nuestra confianza no en las riquezas, sino en el amor de Dios y en su providencia. [...] Somos "pobres de espíritu" cuando nos dejamos guiar por el amor a los demás. Entonces compartimos y ponemos a disposición de todos los necesitados lo que tenemos: una sonrisa, nuestro tiempo, nuestros bienes, nuestras capacidades. Cuando lo hemos dado todo por amor, somos pobres, es decir, estamos vacíos, somos nada, libres, tenemos el corazón puro»[1].

La propuesta de Jesús da un vuelco a nuestra mentalidad; en el centro de sus pensamientos está el pequeño, el pobre, el último.

«Esta viuda, en cambio, ha echado todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir»

Esta Palabra de vida nos invita ante todo a renovar nuestra plena confianza en el amor de Dios y a dejarnos interpelar por su mirada para ver más allá de las apariencias, sin juzgar ni depender del juicio de los demás; a valorar la parte positiva de cada persona.

Nos sugiere el darnos totalmente como lógica evangélica que edifica una comunidad pacificada, porque nos empuja a cuidar los unos de los otros. Nos alienta a vivir el Evangelio en el día a día, sin alardear; a dar con abundancia y confianza; a vivir con sobriedad, compartiendo. Nos reclama prestar atención a los últimos, para aprender de ellos.

Venant, nacido y crecido en Burundi, cuenta: «En mi pueblo, mi familia podía presumir de una buena tierra y de una buena cosecha. Sabiendo que todo es providencia del cielo, mi madre recogía las primicias y las repartía puntualmente entre los vecinos, empezando por las familias más necesitadas, y a nosotros nos destinaba solo una parte de lo que quedaba. De este ejemplo aprendí el valor de dar sin interés. Así he entendido que Dios me pedía darle a Él la mejor parte, darle incluso toda mi vida».

Letizia Magri y el equipo de la Palabra de Vida



[1] C. LUBICH, "Palabra de vida», noviembre de 2003, en Ciudad Nueva n. 403 (11/2003). 22·23.