miércoles, 11 de marzo de 2020

4. CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS: BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA.


“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados”
Catequesis sobre las bienaventuranzas: 5. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia
Queridos hermanos y hermanas:
Nuestra reflexión de hoy nos lleva a considerar la bienaventuranza: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados», que no se refiere a un deseo genérico sino a una exigencia vital, cotidiana de todo ser humano: la necesidad de nutrirse para sobrevivir.
Pero aquí se habla de hambre y sed de justicia. ¿Qué quiere decir hambre y sed de justicia? No es la sed de venganza, tampoco es sólo el dolor de los pobres y de los oprimidos, que Dios conoce bien y que no le es indiferente. Es una justicia más grande, más grande que el derecho humano a la equidad, la verdad y la justicia social, más grande también que la perfección personal. Se trata de la justicia que viene de Dios: de esa inquietud, de ese anhelo que está presente en lo más hondo del corazón, aún en el corazón del más corrupto y alejado del Señor.
Es la sed de bien, de verdad, que el mal no puede borrar. Es la sed de Dios, suscitada por el Espíritu Santo, que todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser, y que san Agustín nos recuerda cuando escribe: «para ti nos has hecho, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti».


Saludos:
Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Pidamos al Señor Jesús que nunca nos haga faltar el agua viva del Evangelio, única capaz de saciar nuestra sed de Dios, y nos conceda también su Espíritu Santo para poder cumplir la voluntad del Padre, con un corazón lleno del amor de Dios y bien dispuesto al servicio de los hermanos. Que Dios los bendiga.
AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO
Biblioteca del Palacio Apostólico
Miércoles, 11 de marzo de 2020

martes, 10 de marzo de 2020

PARA LA PRÓXIMA PRIMAVERA SE ESPERA LA BEATIFICACIÓN DEL SACERDOTE SALOBREÑERO LORENZO PALOMINO.


El Papa Francisco autorizó el pasado 28 de noviembre el reconocimiento de 16 granadinos mártires de la persecución religiosa durante la Guerra Civil.

El pasado viernes el Vaticano anunció la promulgación del decreto de beatificación de 16 religiosos granadinos considerados mártires de la persecución religiosa en España durante la Guerra Civil. Entre ellos se encuentra uno de Salobreña, Lorenzo Palomino Villaescusa, junto a otros tres de la Costa Tropical: Manuel Vázquez Alfalla de Motril, Ramón Cervilla Luis de Almuñécar y Juan Bazaga Palacios de La Herradura.
El Papa Francisco autorizó este reconocimiento durante la audiencia celebrada el pasado 28 de noviembre con el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Monseñor Angelo Becciu. Al ser reconocidos como mártires, estos religiosos no han necesitado ningún milagro para ser beatificados, sino el parecer favorable de los miembros de esta Congregación.
Los nuevos beatos eran sacerdotes y seminaristas de la diócesis de Granada y murieron asesinados entre julio y septiembre de 1936. En el caso del salobreñero Lorenzo Palomino Villaescusa, tras ser encarcelado en la Villa fue ejecutado en Motril. Según relata Francisco Lombardo, antiguo párroco de Salobreña, se ofreció a morir en lugar de un primo suyo que había sido condenado a muerte y que era padre de tres niños pequeños. Sin embargo, no solo el sacerdote fue asesinado, sino también su primo.
Lombardo conoce de primera mano la historia del futuro beato a través de su sobrina, ya fallecida, conocida como Gertrudis la del Horno, que era huérfana de madre desde el parto y fue criada por Palomino y por otra tía.
Ella le relató a Lombardo la vida de su tío, quien nació en 1867 en Salobreña y entró en el seminario con 21 años. Tras completar la carrera del sacerdocio en seis años, que era lo que duraba entonces en lugar de los doce actuales, fue enviado a Adra y luego a Salobreña, donde tuvo un paso breve.
Siempre según el relato de Francisco Lombardo, Lorenzo Palomino se marchó posteriormente como misionero en una parroquia de la ciudad argentina de Córdoba, donde permaneció durante quince años y donde “hizo una gran labor social”, según explica. En 1918 regresó a Salobreña, para ejercer funciones religiosas aquí y en Lobres.
Tras su muerte, los restos de Palomino fueron enterrados en Motril y trasladados en 1940 al cementerio de Salobreña, y se encuentran enterrados en el patio 5, nicho 41. Una vez beatificado, parte de los restos serían trasladados a la Iglesia Parroquial. La beatificación está prevista para la primavera de 2020, probablemente en la Catedral de Granada.

lunes, 9 de marzo de 2020

PAPA FRANCISCO. ÁNGELUS DOMINGO 8 DE MARZO DE 2020.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es un poco extraña esta oración del Ángelus, con el Papa “enjaulado” en la biblioteca, pero os veo, estoy cerca de vosotros. Y también me gustaría empezar agradeciendo a ese grupo [presente en la plaza] que se está manifestando y luchando “Por los olvidados de Idlib”. ¡Gracias! Gracias por lo que hacéis. Pero hoy rezamos el Ángelus así para cumplir con las medidas preventivas y evitar pequeñas aglomeraciones de gente que pueden favorecer la transmisión del virus.
El Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma (cf. Mateo 17, 1-9) nos presenta el relato de la Transfiguración de Jesús. Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan con Él y sube a un monte alto, símbolo de la cercanía a Dios, para abrirles a una comprensión más completa del misterio de su persona, que debe sufrir, morir y luego resucitar. De hecho, Jesús había comenzado a hablarles sobre el sufrimiento, la muerte y la resurrección que le esperaba, pero no podían aceptar esa perspectiva. Por eso, al llegar a la cima del monte, Jesús se sumergió en la oración y se transfiguró ante los tres discípulos: «su rostro —dice el Evangelio— se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (v. 2).
A través del maravilloso evento de la Transfiguración, los tres discípulos están llamados a reconocer en Jesús al Hijo de Dios resplandeciente de gloria. De este modo avanzan en el conocimiento de su Maestro, dándose cuenta de que el aspecto humano no expresa toda su realidad; a sus ojos se revela la dimensión sobrenatural y divina de Jesús. Y desde arriba resuena una voz que dice: «Este es mi Hijo amado [...]. Escuchadle» (v. 5). Es el Padre celestial quien confirma la “investidura” — llamémosla así— de Jesús ya hecha el día de su bautismo en el Jordán e invita a los discípulos a escucharlo y seguirlo.
Hay que destacar que, en medio del grupo de los Doce, Jesús elige llevarse a Pedro, Santiago y Juan con Él al monte. Les reservó el privilegio de ser testigos de la Transfiguración. ¿Pero por qué elige a los tres? ¿Porque son los más santos? No. Sin embargo, Pedro, a la hora de la prueba, lo negará; y los dos hermanos Santiago y Juan pedirán ser los primeros en entrar a su reino (cf. Mateo 20, 20-23). Jesús, no obstante, no elige según nuestro criterio, sino según su plan de amor. El amor de Jesús no tiene medida: es amor, y Él elige con ese plan de amor. Es una elección gratuita e incondicional, una iniciativa libre, una amistad divina que no pide nada a cambio. Y así como llamó a esos tres discípulos, también hoy llama a algunos a estar cerca de Él, para poder dar testimonio. Ser testigos de Jesús es un don que no hemos merecido: nos sentimos inadecuados, pero no podemos echarnos atrás con la excusa de nuestra incapacidad.
No hemos estado en el Monte Tabor, no hemos visto con nuestros propios ojos el rostro de Jesús brillando como el sol. Sin embargo, a nosotros también se nos ha dado la Palabra de salvación, se nos ha dado fe y hemos experimentado la alegría de encontrarnos con Jesús de diferentes maneras. Jesús también nos dice: «Levantaos, no tengáis miedo» (Mateo 17, 7). En este mundo, marcado por el egoísmo y la codicia, la luz de Dios se oscurece por las preocupaciones de la vida cotidiana. A menudo decimos: no tengo tiempo para rezar, no puedo hacer un servicio en la parroquia, responder a las peticiones de los demás... Pero no debemos olvidar que el Bautismo que recibimos nos hizo testigos, no por nuestra capacidad, sino por el don del Espíritu.
Que, en este tiempo propicio de Cuaresma, la Virgen María nos otorgue esa docilidad ante el Espíritu que es indispensable para emprender resueltamente el camino de la conversión.

Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo a todos los que estáis siguiendo este momento de oración. Saludo en particular a los participantes en el curso de formación “Animadores de un nuevo modo de comunicar”; a los fieles de Torrent, España; al grupo de los condecorados de Corato; a los jóvenes de Coverciano y a los niños de la Primera Comunión de Monteodorisio.
Saludo a las asociaciones y grupos comprometidos en solidaridad con el pueblo sirio y especialmente con los habitantes de la ciudad de Idlib y del noroeste de Siria —os estoy viendo desde aquí— obligados a huir de los recientes acontecimientos de la guerra. Queridos hermanos y hermanas, renuevo mi gran preocupación, mi dolor por esta situación inhumana de estas personas indefensas, incluyendo muchos niños, que están arriesgando sus vidas. No debemos apartar la vista de esta crisis humanitaria, sino darle prioridad sobre todos los demás intereses. Recemos por esta gente, estos hermanos y hermanas nuestros, que sufren tanto en el noroeste de Siria, en la ciudad de Idlib.
Estoy cerca con la oración de las personas que sufren la actual epidemia de coronavirus y a todos los que los atienden. Me uno a mis hermanos obispos para animar a los fieles a vivir este difícil momento con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la caridad. Que el tiempo de Cuaresma nos ayude a todos a dar sentido al Evangelio en este momento de prueba y dolor.
¡Os deseo un buen domingo! Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Ahora voy a asomarme para veros un poco en tiempo real. ¡Buen almuerzo y adiós!

ANGELUS PAPA FRANCISCO
Plaza de San Pedro (Biblioteca del Palacio Apostólico)
Domingo, 8 de marzo de 2020
FUENTE: VATICAN_VA

jueves, 5 de marzo de 2020

MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS EN GRANADA EN EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE CHIARA LUBICH.

CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE
CHIARA LUBICH


Eucaristía de acción de gracias
Parroquia de la Virgen de las Angustias
Granada
14 de marzo de 2020
A las 20:00 horas.

miércoles, 4 de marzo de 2020

EL PODER DE UN AVE MARÍA.


Era una mañana soleada.
Las montañas del Tirol se mostraban especialmente bonitas en aquel día de primavera.
La nieve ya estaba casi toda derretida, pero los picos blancos centelleaban todavía bajo los rayos del sol.
El Padre Hans había terminado de celebrar su misa matutina y se preparaba para la catequesis de los niños.
Seleccionaba la materia, consultaba los libros y escogía algunas estampas para premiar a los niños más aplicados, momento que más agradaba a todos ellos en la clase. Encontró una linda estampa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y la separó para quien supiese responder a la pregunta más difícil.
En ese momento entró el sacristán, diciendo apesadumbrado:
— Padre Hans… Acaba de llegar la hija de la Sra. Binzer, con la noticia de que su madre está muy mal, tal vez en sus últimos momentos, y le pide que le lleve el Viático. Pero no puedo acompañarle porque hoy es el día libre del secretario de la parroquia, y alguien tiene que cuidar de la iglesia.
— No te preocupes, Rolf, ya he estado varias veces en la casa de la Sra. Binzer y conozco todos los atajos.
Saliendo ahora, conseguiré volver a tiempo al mediodía, si Dios quiere.

Sin demora, el buen párroco tomó los Santos Óleos y la teca con el Santísimo, montó a caballo y partió muy recogido. Iba adorando a Jesús Sacramento, que llevaba pendiente de su cuello, envuelto en una bolsa de seda bordada con las iniciales JHS: Jesús Hostia Santa.
¡El camino era bellísimo! Las flores ya se habían abierto, el arroyo fluía suavemente, haciendo cantar sus aguas cristalinas, y los árboles, de nuevo cubiertos con hojas, daban al aire de la primavera un frescor muy agradable. Los pájaros cantaban y las mariposas parecían bailar delante del caballo, convidando al sacerdote a un paseo a través de los pinares perfumados.
El Padre Hans observó un poco la belleza del paisaje, glorificando a Dios por esos dones dados al hombre, pero concentraba toda su atención en el Creador de esas maravillas, que llevaba apretado contra su pecho.
Así recogido, continuaba su camino en actitud de adoración. Apenas pensó:
— Hace tiempo que no disfruto del aire fresco de ese bosque. A la vuelta voy a aprovechar un poco, y creo que no me retrasaré en mi regreso…
Llegando a casa de la Sra. Binzer, encontró a la enferma muy mal.
Se trataba de una piadosa campesina, que siempre participaba en las actividades parroquiales, pero la edad y la enfermedad le habían consumido todas las fuerzas, y ahora preparaba su alma para presentarse ante Dios. Toda la familia estaba reunida alrededor de su cama. Algunos lloraban, y una de las hijas dirigía el rezo de los Misterios Dolorosos del Rosario.
El Padre Hans le administró la Unción de los Enfermos que recibió con plena conciencia y piedad. Pero al darle la Comunión, notó que por un error, había tomado dos partículas.
No era habitual en aquel tiempo consumir dos hostias al mismo tiempo, y además la pobre señora casi no las podría tragar. Eso contrarió un poco al sacerdote, pues tendría que devolver de nuevo a la iglesia el Santísimo Sacramento, por lo que debería regresar recogido, en oración, sin poder disfrutar de la primavera en el bosque.
Después de decir a la familia unas palabras de consuelo y esperanza, montó en su cabalgadura y se volvió rezando.
Mientras se acercaba al bosque, salió corriendo a su encuentro un joven leñador, gritando de lejos:
— ¡Un sacerdote! ¡Un sacerdote!
Llegando junto al caballo el muchacho le dijo:
— Señor Vicario, mi compañero de trabajo ha sufrido un accidente. Un árbol cayó sobre él. Se está muriendo y lo único que consigue hacer es pedir un sacerdote.
¡Venga pronto señor Vicario!
El Padre Hans comprendió entonces la razón de haber tomado dos partículas sin darse cuenta. ¡No fue un error! Fue la Divina Providencia que quería venir en ayuda de aquella alma en el momento supremo. El pobre muchacho se confesó con mucho esfuerzo, y recibió su última Comunión.
El sacerdote le preguntó, amablemente, si había hecho algo para merecer una gracia tan grande. El leñador respondió con la voz entrecortada:
— Oh, Padre… cada vez que pasaba un sacerdote llevando el Viático a alguien, rezaba un Ave María rogando a la Santísima Virgen la gracia de no morir sin confesarme y recibir la Sagrada Eucaristía en el último momento de mi vida. Y Ella, como madre que nunca deja de cumplir cualquier petición de sus hijos, me ha dado tal gracia. Que a usted también le ayude cuando llegue su hora.
Luego hizo una profunda inspiración y entregó su alma a Dios.
A la mañana siguiente el Padre Hans contó lo sucedido a los niños del catecismo, para enseñarles cual es el poder de un Ave María.
Y premió con una estampa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a quién supo recitar de memoria esta hermosa parte de la oración de San Bernardo: “Acordaos oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido bajo vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos”…
FUENTE: CATHOLIC NET

domingo, 1 de marzo de 2020

PALABRA DE VIDA DE MARZO DE 2020.


«Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas» (Mt 7, 12).
En las decisiones importantes de la vida, ¿cuántas veces hemos buscado una brújula segura que nos indicase qué camino tomar y nos hemos preguntado, como cristianos, ¿cuál es la síntesis del Evangelio, la llave para entrar en el corazón de Dios y vivir como hijos suyos aquí y ahora?
He aquí una palabra de Jesús que viene al caso, una afirmación suya clara, que se entiende y se puede vivir de inmediato. La encontramos en el Evangelio de Mateo: forma parte del gran discurso de la montaña, donde Jesús enseña cómo vivir plenamente la vida cristiana. Él mismo resume todo su anuncio en esta afirmación lapidaria.
Hoy, cuando necesitamos mensajes ricos de significado, pero breves y eficaces, podríamos acoger esta Palabra como un valioso tweet para tener en mente en todo momento.
«Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas»
Para entender mejor qué hacer por los demás, Jesús nos invita a meternos en su piel; precisamente como hizo Él, que para amarnos adoptó nuestra carne humana.
Preguntémonos qué nos esperamos de nuestros padres, de los hijos, los compañeros de trabajo, los responsables del gobierno, los guías espirituales: acogida, escucha, inclusión, apoyo en las necesidades materiales, pero también sinceridad, perdón, ánimo, paciencia, consejo, orientación, formación... Para Jesús, esta actitud interior, junto con las acciones concretas consiguientes, cumple todo el contenido de la Ley de Dios y toda la riqueza de la vida espiritual.
Es la «Regla de oro», una enseñanza universal contenida en las distintas culturas, religiones y tradiciones que la humanidad ha desarrollado a lo largo de la historia. Es la base de todos los valores auténticamente humanos, los que componen una convivencia pacífica, con relaciones personales y sociales justas y solidarias.
«Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas»
Esta Palabra nos incita a ser creativos y generosos, a tomar la iniciativa a favor de cualquier persona, a tender puentes incluso hacia quienes no son amigos, como dijo e hizo Jesús. Requiere que tengamos la capacidad de salir de nosotros mismos para ser así testigos creíbles de nuestra fe.
Así nos alienta Chiara Lubich: «Intentémoslo. Un día empleado de este modo vale una vida. [...) Nos invadirá una alegría desconocida. [...) Dios estará con nosotros, porque está con quienes aman. (...) Quizá a veces aflojaremos, estaremos tentados de desanimarnos, de claudicar. (...) ¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia. Volvamos a empezar siempre. Si perseveramos, lentamente veremos cambiar el mundo a nuestro alrededor. Comprenderemos que el Evangelio ofrece la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio para resolver todos los problemas. Y no estaremos tranquilos mientras no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que puedan comprendernos, a los familiares, a todo aquel a quien nos sintamos empujados a dársela.
Renacerá la esperanza».
«Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas»
Ramiro, veterano en su puesto de trabajo, se entera de que van a llegar nuevos compañeros, y se pregunta: «Si entrase por primera vez en esta oficina, ¿qué me gustaría encontrar? ¿Qué haría que me sintiese a gusto?». Entonces se pone a hacerles sitio, busca escritorios, y se lo dice también a otros compañeros. Juntos preparan puestos de trabajo acogedores. Y los recién llegados encuentran un ambiente alegre y una comunidad de trabajo más unida.
LETIZIA MAGRI