viernes, 4 de septiembre de 2020

RAMON CERVILLA LUIS. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.

 

8 Ramón Cervilla Luis.

Nació el 29 de marzo de 1865 en Almuñécar y realizó sus estudios en el Seminario de San Cecilio, residiendo en el Colegio de San Fernando.

Ordenado sacerdote el 1 de marzo de 1890, fue coadjutor de Almuñécar, de Jete y Zujaira. Pasó a Argentina donde sirvió las parroquias de San Justo y Coronada en Santa Fe.

Cuando vuelve a España, ya mayor, atiende a las Religiosas Mercedarias que sirven un pequeño hospital en Almuñécar: gran madrugador, celebraba a horas tempranas cada día la santa misa en el convento, atendía espiritualmente a las religiosas y a los enfermos del hospital. Este servicio lo realizaba sin remuneración alguna. Peregrinó a Roma y a Lourdes, y construyó en casa con sus propias manos una pequeña gruta en honor de la Señora con esta inscripción tomada de un himno latino: Protégeme tú del enemigo. Varias veces fue sorprendido rezando el rosario en su dormitorio de rodillas y con los brazos en cruz.

Fue detenido en su casa y llevado a prisión junto con otras personas a las que en el cautiverio alentaba, confortaba y atendía sacramentalmente. Todos ellos fueron posteriormente liberados, menos el sacerdote al que, según sus perseguidores “había que dejarlo para carne de las fieras”. El 17 de agosto fue trasladado en automóvil al cementerio de Salobreña donde fue maltratado e insultado, quisieron obligarle a cantar la Internacional y a que cavara su propia tumba. Fue allí humillado despojándolo de su ropa. Finalmente fue fusilado. Sus últimas palabras fueron: Os perdono y pido a Dios y a vosotros que mi sangre sea la última que derraméis. Tenía cerca de setenta y dos años. Sus restos están en el Valle de los Caídos.

FUENTE: NOTICIAS DIÓCESIS DE GRANADA.

jueves, 3 de septiembre de 2020

COMO LOS MARTIRES

Fijaron sus ojos en Cristo
y ya no volvieron atrás.
Sabían de quien se fiaban
y esa razón pudo más.
Llevaban los ojos vendados
atados de manos y pies.
Pero el corazón palpitando
henchido de amor y de fe.
 Como los mártires,
nuestros hermanos de tierra hispana,
queremos ser:
dar nuestras vidas
unir las manos
y prepararnos para un nuevo amanecer.
Si hoy nuestros pasos vacilan
si hoy se nos cansa la fe.
Debemos fijar nuestros ojos
en Cristo y con fuerza creer.
Quitar de los ojos las vendas
librar nuestras manos y pies.
Y con corazón bien dispuesto seguir como ellos tras Él.
Como los mártires,
nuestros hermanos de tierra hispana,
queremos ser:
dar nuestras vidas unir las manos
y prepararnos para un nuevo amanecer.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 5. LA SOLIDARIDAD Y LA VIRTUD DE LA FE.

 

Catequesis - “Curar el mundo”: 5. La solidaridad y la virtud de la fe.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de tantos meses retomamos nuestro encuentro cara a cara y no pantalla a pantalla. Cara a cara. ¡Esto es bonito! La pandemia actual ha puesto de relieve nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, los unos con los otros, tanto en el bien como en el mal. Por eso, para salir mejores de esta crisis, debemos hacerlo juntos. Juntos, no solos, juntos. Solos no, ¡porque no se puede! O se hace juntos o no se hace. Debemos hacerlo juntos, todos, en la solidaridad. Hoy quisiera subrayar esta palabra: solidaridad

Como familia humana tenemos el origen común en Dios; vivimos en una casa común, el planeta-jardín, la tierra en la que Dios nos ha puesto; y tenemos un destino común en Cristo. Pero cuando olvidamos todo esto, nuestra interdependencia se convierte en dependencia de unos hacia otros — perdemos esta armonía de interdependencia en la solidaridad —, aumentando la desigualdad y la marginación; se debilita el tejido social y se deteriora el ambiente. Siempre es lo mismo que actuar.

Por tanto, el principio de solidaridad es hoy más necesario que nunca, como ha enseñado Juan Pablo II (cfr. Enc. Sollicitudo rei socialis, 38-40). De una forma interconectada, experimentamos qué significa vivir en la misma “aldea global”. Es bonita esta expresión: el gran mundo no es otra cosa que una aldea global, porque todo está interconectado. Pero no siempre transformamos esta interdependencia en solidaridad. Hay un largo camino entre la interdependencia y la solidaridad. Los egoísmos — individuales, nacionales y de los grupos de poder — y las rigideces ideológicas alimentan, al contrario,  «estructuras de pecado» (ibid., 36).

«La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. ¡Es más! Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 188). Esto significa solidaridad. No es solo cuestión de ayudar a los otros —esto está bien hacerlo, pero es más—: se trata de justicia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1938-1940). La interdependencia, para ser solidario y fructífero, necesita raíces fuertes en la humanidad y en la naturaleza creada por Dios, necesita respeto por los rostros y la tierra.

La Biblia, desde el principio, nos advierte. Pensemos en el pasaje de la Torre de Babel (cfr. Gen 11, 1-9) que describe lo que sucede cuando tratamos de llegar al cielo —nuestra meta— ignorando el vínculo con la humanidad, con la creación y con el Creador. Es una forma de hablar: esto sucede cada vez que uno quiere subir, subir, sin tener en cuenta a los otros. ¡Yo solo! Pensemos en la torre. Construimos torres y rascacielos, pero destruimos la comunidad. Unificamos edificios y lenguas, pero mortificamos la riqueza cultural. Queremos ser amos de la Tierra, pero arruinamos la biodiversidad y el equilibrio ecológico. Os conté en alguna otra audiencia de esos pescadores de San Benedetto del Tronto que vinieron este año y me dijeron: “Hemos sacado del mar 24 toneladas de basura, de las cuales la mitad era plástico”. ¡Pensad! Estos tienen el espíritu de recoger los peces, sí, pero también la basura y sacarla para limpiar el mar. Pero esta [contaminación] es arruinar la tierra, no tener solidaridad con la tierra que es un don y un equilibrio ecológico.

Recuerdo una historia medieval que describe este “síndrome de Babel”, que es cuando no hay solidaridad. Esta historia medieval dice que, durante la construcción de la torre, cuando un hombre caía  —eran esclavos— y moría nadie decía nada, como mucho: “Pobrecillo, se ha equivocado y ha caído”. Sin embargo, si caía un ladrillo, todos se lamentaban. ¡Y si alguno era culpable, era castigado! ¿Por qué? Porque un ladrillo era caro de hacer, de preparar, de cocer. Se necesitaba tiempo y trabajo para hacer un ladrillo. Un ladrillo valía más que la vida humana. Cada uno de nosotros piense en qué sucede hoy. Lamentablemente también hoy puede suceder algo parecido. Cae la cuota del mercado financiero —lo hemos visto en los periódicos estos días— y la noticia está en todas las agencias. Caen miles de personas por el hambre, la miseria y nadie habla de ello.

Diametralmente opuesto a Babel es Pentecostés (cfr. Hch 2, 1-3), lo hemos escuchado al principio de la audiencia. El Espíritu Santo, descendiendo del alto como viento y fuego, inviste la comunidad cerrada en el cenáculo, la infunde la fuerza de Dios, la impulsa a salir,  a anunciar a todos a Jesús Señor. El Espíritu crea la unidad en la diversidad, crea la armonía. En la historia de la Torre de Babel no hay armonía; había ese ir adelante para ganar. Allí, el hombre era un mero instrumento, mera “fuerza-trabajo”, pero aquí, en Pentecostés, cada uno de nosotros es un instrumento, pero un instrumento comunitario que participa con todo su ser a la edificación de la comunidad. San Francisco de Asís lo sabía bien, y animado por el Espíritu daba a todas las personas, es más, a las criaturas, el nombre de hermano o hermana  (cfr. LS, 11; cfr. San Buenaventura, Legenda maior, VIII, 6: FF 1145). También el hermano lobo, recordemos.

Con Pentecostés, Dios se hace presente e inspira la fe de la comunidad unida en la diversidad y en la solidaridad. Diversidad y solidaridad unidas en armonía, este es el camino. Una diversidad solidaria posee los “anticuerpos” para que la singularidad de cada uno — que es un don, único e irrepetible — no se enferme de individualismo, de egoísmo. La diversidad solidaria posee también los anticuerpos para sanar estructuras y procesos sociales que han degenerado en sistemas de injusticia, en sistemas de opresión (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 192). Por tanto, la solidaridad hoy es el camino para recorrer hacia un mundo post-pandemia, hacia la sanación de nuestras enfermedades interpersonales y sociales. No hay otra. O vamos adelante con el camino de la solidaridad o las cosas serán peores. Quiero repetirlo: de una crisis no se sale igual que antes. La pandemia es una crisis. De una crisis se sale o mejores o peores. Tenemos que elegir nosotros. Y la solidaridad es precisamente un camino para salir de la crisis mejores, no con cambios superficiales, con una capa de pintura así y todo está bien. No. ¡Mejores!

En medio de la crisis, una solidaridad guiada por la fe nos permite traducir el amor de Dios en nuestra cultura globalizada, no construyendo torres o muros —y cuántos muros se están construyendo hoy— que dividen pero después caen, sino tejiendo comunidad y apoyando procesos de crecimiento verdaderamente humano y solidario.  Y para esto ayuda la solidaridad. Hago una pregunta: ¿yo pienso en las necesidades de los otros? Cada uno que responda en su corazón.

En medio de crisis y tempestades, el Señor nos interpela y nos invita a despertar y activar esta solidaridad capaz de dar solidez, apoyo y un sentido a estas horas en las que todo parece naufragar. Que la creatividad del Espíritu Santo pueda animarnos a generar nuevas formas de hospitalidad familiar, de fraternidad fecunda y de solidaridad universal. Gracias.


Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. He visto varias banderas españolas ahí, bienvenidos. Y también latinoamericanas de esta parte, así que no se enojan. Pido al Señor que nos conceda la gracia de una solidaridad guiada por la fe, para que el amor a Dios nos mueva a generar nuevas formas de hospitalidad familiar, de fraternidad fecunda y de acogida a los hermanos más frágiles, especialmente a los descartados por nuestras sociedades globalizadas. Que Dios los bendiga.


Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La pandemia actual ha evidenciado que todos, como miembros de una misma familia humana, estamos conectados en el bien o en el mal, porque tenemos un mismo origen, compartimos la misma casa común y un mismo destino en Cristo. Esta interdependencia nos enseña que sólo siendo solidarios podremos salir adelante, pues de lo contrario surgen desigualdad, egoísmos, injusticia y marginación.   

La solidaridad es una cuestión de justicia, un cambio de mentalidad que nos lleve a pensar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes de parte de unos pocos. Nuestra interdependencia, para que sea solidaria y dé frutos debe fundarse en el respeto a nuestros semejantes y a la creación.

Para no repetir el drama de la Torre de Babel, que generó sólo ruptura y destrucción a todo nivel, el Señor nos invita a radicarnos en el acontecimiento de Pentecostés. Es allí donde Dios se hace presente con la fuerza de su Espíritu Santo, que inspira la fe de la comunidad unida en la diversidad y la solidaridad, y la impulsa a sanar las estructuras y los procesos sociales enfermos de injusticia y de opresión. La solidaridad es, por tanto, el único camino posible hacia un mundo post-pandemia, y el remedio para curar las enfermedades interpersonales y sociales que afligen a nuestro mundo actual.

AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO

Patio de San Dámaso.

Miércoles, 2 de agosto de 2020

FUENTE: VATICAN_VA

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE “CURAR EL MUNDO”:

 

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 1. INTRODUCCION.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 2. FE Y DIGNIDAD HUMANA.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 3 LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES Y LA VIRTUD DE LA CARIDAD.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 4. EL DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES Y LA VIRTUD DE LA ESPERANZA.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 5. LA SOLIDARIDAD Y LA VIRTUD DE LA FE.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 6 AMOR Y BIEN COMÚN.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 7 CUIDADO DE LA CASA COMÚN Y ACTITUD CONTEMPLATIVA.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 8. SUBSIDIARIEDAD Y VIRTUD DE LA ESPERANZA.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO “CURAR EL MUNDO”: 9. PREPARAR EL FUTURO JUNTO CON JESUS QUE SANA Y SALVA.

MANUEL VAZQUEZ ALFALLA. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.

 

7 Manuel Vázquez Alfalla.

Nació el 14 de julio de 1863 en Motril.

Estudió en el Seminario de San Cecilio, residiendo en el Colegio de San Fernando.

Recibió el presbiterado el 17 de diciembre de 1892 con 29 años. Habiendo entrado en el Seminario en 1887 con 21 años, hizo en cinco la carrera breve de seis cursos con calificaciones excelentes.

Fue beneficiado en la Iglesia Mayor de la Encarnación de Motril, coadjutor de Salobreña y párroco de Lobres. El Siervo de Dios fue un hombre inteligente y muy trabajador. Con espíritu emprendedor, colaboró con diversas iniciativas a favor del pueblo motrileño. Destaca su intensa labor benéfica y social, también a favor de la Cruz Roja Española de la que fue Vicepresidente en el distrito de Motril y recibió la medalla de oro de la misma en 1897, por la labor llevada a cabo en el salvamento de náufragos. En 1907 marchó a Argentina y sirvió la parroquia de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires hasta 1922. Vuelto a Motril fue beneficiado de la Iglesia Mayor hasta su muerte.

El 25 de julio de 1936 fue un día sangriento en Motril. Fue profanado el templo de la Encarnación y otros templos, cinco religiosos agustinos fueron asesinados en la vía pública y Manuel también fue asesinado en la calle de las Cañas, cuando, después de estar refugiado en casa del sacristán, iba hacia su domicilio. Alguien alertó a un grupo de milicianos que allí iba el cura e inmediatamente le dispararon, dejándolo tendido en el suelo donde durante unas horas fue objeto de burlas. Sus restos están en fosa común del cementerio de Motril.

Al día siguiente, 26 de julio, también fueron fusilados otro religioso agustino y Manuel Martín Sierra, párroco de la Divina Pastora. El Padre agustino Vicente Soler lo fue el 15 de agosto. Todos ellos ya fueron beatificados en 1999 y con ocasión de su beatificación el pueblo motrileño dirigía su atención también a este otro sacerdote, que era motrileño de nacimiento y había sufrido en las calles de Motril similar martirio, pidiendo su beatificación.

El Beato, Vicente Soler, según se testificó en su Causa de beatificación, cuando se enteró del martirio del Siervo de Dios Manuel Vázquez exclamó: “El martirio de este sacerdote será semilla de vocaciones sacerdotales y religiosas, que florecerán numerosas en esta ciudad de Motril”. Por gracia de Dios, así ha sido. Con las vocaciones femeninas a la vida consagrada activa y contemplativa, entre el año 1937 y 2007 los sacerdotes diocesanos motrileños han sido trece; los religiosos presbíteros de diversas órdenes, doce y los religiosos profesos no sacerdotes, dos.

El Siervo de Dios Manuel Vázquez Alfalla murió con más de setenta y tres años, el más anciano de los dieciséis mártires que van a ser beatificados.

FUENTE: NOTICIAS DIÓCESIS DE GRANADA.

martes, 1 de septiembre de 2020

PALABRA DE VIDA DE SEPTIEMBRE DE 2020

EL EVANGELIO: UNA REALIDAD DE INAGOTABLE RIQUEZA.

La Iglesia, que es discípula misionera, necesita crecer en su interpretación de la Palabra revelada y en su comprensión de la verdad. La tarea de los exégetas y de los teólogos ayuda a «madurar el juicio de la Iglesia». De otro modo también lo hacen las demás ciencias. Refiriéndose a las ciencias sociales, por ejemplo, Juan Pablo II ha dicho que la Iglesia presta atención a sus aportes «para sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempeñar su misión de Magisterio». Además, en el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad. Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra. A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.

Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio” (nº 40)

Papa Francisco.

PALABRA DE VIDA DE SEPTIEMBRE DE 2020.

 

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos» (Lc 6, 38).

«Había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírlo...» (Lc 6, 17-18): así introduce el evangelista Lucas el largo discurso de Jesús que proclama las bienaventuranzas, las exigencias del Reino de Dios y las promesas del Padre a sus hijos.

Jesús anuncia libremente su mensaje a hombres y mujeres de distintos pueblos y culturas que han acudido a escucharlo; es un mensaje universal, dirigido a todos y que todos pueden acoger para realizarse como personas, creadas por Dios Amor a su imagen.

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

Jesús revela la novedad del Evangelio: el Padre ama a cada uno de sus hijos personalmente, con un amor «desbordante», y le da la capacidad de expandir el corazón hacia los hermanos, cada vez con mayor generosidad. Son palabras acuciantes y exigentes: dar de lo nuestro; bienes materiales, pero también acogida, misericordia, perdón; con generosidad, a imitación de Dios.

La imagen de la recompensa abundante vertida en el regazo nos da a entender que la medida del amor de Dios para con nosotros es desmedida, y que sus promesas se realizan por encima de nuestras expectativas, a la vez que nos libera de la ansiedad de nuestros cálculos y plazos y de la desilusión de no recibir de los demás según nuestra medida.

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

A propósito de esta invitación de Jesús, Chiara Lubich escribió: «¿Nunca te ha pasado, al recibir un regalo de un amigo, que también tú has sentido la necesidad de hacerle otro...? [...] Si te sucede así a ti, imagínate a Dios, a Dios, que es Amor. Él recompensa siempre cada regalo que hacemos a nuestro prójimo en su nombre. [...] Dios no se comporta así para enriquecerte o para enriquecernos. [...] Lo hace porque cuanto más tenemos, más podemos dar; para que -como verdaderos administradores de los bienes de Dios- hagamos circular todas las cosas en la comunidad que nos rodea [...]. Ciertamente, Jesús pensaba en primer lugar en la recompensa que tendremos en el Paraíso, pero todo lo que sucede en esta tierra es ya preludio y garantía de ello».

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos».

Y ¿qué sucedería si nos comprometiésemos a practicar este amor juntos, con muchos otros hombres y mujeres? Ciertamente daría origen a una revolución social.

Cuenta Jesús, de España: «Mi mujer y yo trabajamos en consultoría y formación. Nos apasionaron los principios de la Economía de Comunión y quisimos aprender a mirar al otro: a los empleados, considerando los sueldos y las alternativas a los despidos necesarios; a los proveedores, respetando los precios, los pagos, las relaciones de larga duración; a la competencia, con cursos conjuntos y ofreciendo nuestra experiencia; a los clientes, aconsejándoles en conciencia aun a costa de nuestro propio interés. La confianza que se generó nos salvó cuando llegó la crisis de 2008. Más tarde, a través de la ONG «Levántate y Anda», conocimos a un profesor de español en Costa de Marfil que quería mejorar las condiciones de vida en su pueblo mediante un paritorio. Estudiamos el proyecto y le dimos la cantidad necesaria. No se lo podía creer. Tuve que explicarle que eran los beneficios de la empresa. Actualmente la maternidad «Fraternidad», construida por musulmanes y cristianos, es símbolo de la convivencia. En los últimos años los beneficios de nuestra empresa se han multiplicado por diez».

LETIZIA MAGRI