jueves, 3 de octubre de 2019

MARTIRIOS EN EL POZO DE LA LAGARTA EN TABERNAS.


En las primeras sacas colectivas de presos para ser asesinados, en la noche del 14 de agosto en la Playa de la Garrofa de Almería, y en la del 30 en el Barranco del Chisme de Vícar, a los verdugos se les planteaba el problema de ocultar los cadáveres. Para solventarlo buscaron lugares en los que pudieran asesinar en masa a los “enemigos de la revolución”, sin dejar mayor rastro, y sin necesidad de enterrar sus cuerpos, y optaron por pozos rurales de zonas desérticas, secos en aquel verano, donde se podía asesinar junto a su pretil y empujar a su fondo a muertos o agonizantes sin dejar mayor prueba. El primero fue el Pozo de La Lagarta en término de Tabernas, a unos 30 Kms. de Almería.
Así en la noche del 31 de agosto de 1936 sacaron del Astoy-Mendi y de la cárcel de las Adoratrices a los restantes 31 miembros de la lista leída el día anterior que no pudieron trasladar al Barranco del Chisme por falta de vehículos, y los llevaron a Tabernas, en cuyo desierto se hallaba el Pozo de Fábregas conocido como de La Lagarta, y allí asesinaron a 22 presos, entre ellos a dos jesuitas y dos dominicos, y los arrojaron a su fondo. La masacre se repitió en noches sucesivas y comenzaron a acudir en el autobús de línea gentes de Tabernas, unos a presenciar las ejecuciones, y otros trayendo sus escopetas y pistolas para participar en ellas.
Anochecido llegaban los camiones de Almería con los presos ya atadas sus manos, y se les reunía alrededor del pozo, iluminados por los focos de los camiones aparcados en semicírculo. Tras los disparos empujaban a los heridos o moribundos y les hacían caer al fondo sobre los cuerpos de los agonizantes fusilados antes. A los pocos días el pozo, llenó de cadáveres en descomposición, despedía tal hedor que se percibía a varios Kms en el pueblo y desde la carretera, por lo que el Inspector de Sanidad dispuso se arrojaran varias toneladas de cal viva hasta cegarlo. Extraídos sus restos después de la guerra, muchos de los cadáveres presentaban signos de haber sido torturados y algunos asfixiados tras haber sido arrojados vivos al fondo.
Dice el miembro de la Comisión Histórica de la Causa, D. Alfredo Gallego Fábrega que del más de un centenar de las personas asesinadas y arrojadas a este pozo, han sido ya beatificadas 31, tres hermanos de las Escuelas Cristianas, los Hermanos Edmigio, Amalio y Valerio, 24 sacerdotes diocesanos, dos jesuitas y dos dominicos, que fueron beatificados en Aguadulce el 25 de marzo de2017, entre ellos D. Ángel Noguera Gallegos, Párroco de Alboloduy, junto con otros compañeros mártires.

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