jueves, 23 de diciembre de 2021
lunes, 20 de diciembre de 2021
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 4: “SAN JOSE, HOMBRE DEL SILENCIO”.
Catequesis sobre san José
4. San José, hombre del silencio
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Seguimos nuestro camino de reflexión sobre san José. Después de
haber ilustrado el ambiente en el que vivió, su papel en la historia de la salvación y su ser justo y esposo de María, hoy quisiera
considerar otro aspecto importante de su figura: el silencio. Muchas veces hoy
es necesario el silencio. El silencio es importante, a mí me conmueve un
versículo del Libro de la Sabiduría que fue leído pensando en la Navidad y
dice: “Cuando la noche estaba en el silencio más profundo, ahí tu palabra bajó
a la tierra”. En el momento de más silencio Dios se manifestó. Es importante
pensar en el silencio en esta época en la que parece no tenga tanto valor.
Los Evangelios no relatan ninguna palabra de José de Nazaret,
nada, no habló nunca. Eso no significa que fuera taciturno, no, hay un motivo
más profundo. Con su silencio, José confirma lo que escribe san Agustín:
«Cuando el Verbo de Dios crece, las palabras del hombre disminuyen».En la
medida en que Jesús ―la vida espiritual― crece, las palabras disminuyen. Esto
que podemos definir como el “papagayismo”, hablar como papagayos,
continuamente, disminuye un poco. El mismo Juan Bautista, que es «voz que clama
en el desierto: preparad del camino del Señor”» (Mt 3,1), dice sobre el
Verbo: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30). Esto quiere decir que Él debe hablar y
yo estar callado y José con su silencio nos invita a dejar espacio a la
Presencia de la Palabra hecha carne, a Jesús.
El silencio de José no es mutismo; es un silencio lleno de
escucha, un silencio trabajador, un silencio que hace emerger su gran
interioridad. «Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo ― comenta san Juan
de la Cruz― y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser
oída del alma».
Jesús creció en esta “escuela”, en la casa de Nazaret, con el
ejemplo cotidiano de María y José. Y no sorprende el hecho de que Él mismo
busque espacios de silencio en sus jornadas (cf. Mt 14,23) e invite a
sus discípulos a hacer tal experiencia, por ejemplo: «Venid también vosotros
aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» (Mc 6,31).
Qué bonito sería si cada uno de nosotros, siguiendo el ejemplo de
san José, lograra recuperar esta dimensión contemplativa de la vida abierta
de par en par precisamente por el silencio. Pero todos sabemos por
experiencia que no es fácil: el silencio nos asusta un poco, porque nos pide
entrar dentro de nosotros mismos y encontrar la parte más verdadera de
nosotros. Y mucha gente tiene miedo del silencio, debe hablar, hablar, hablar o
escuchar, radio, televisión…, pero el silencio no puede aceptarlo porque tiene
miedo. El filósofo Pascal observaba que «toda la desgracia de los hombres viene
de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en una habitación».
Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de san José a cultivar
espacios de silencio, en los que pueda emerger otra Palabra, es decir, Jesús,
la Palabra: la del Espíritu Santo que habita en nosotros y que lleva a Jesús.
No es fácil reconocer esta Voz, confusa a menudo con los miles de voces de
preocupaciones, tentaciones, deseos, esperanzas que albergamos; pero sin este
entrenamiento que viene precisamente de la práctica del silencio, puede
enfermarse también nuestra habla. Sin la práctica del silencio se enferma
nuestra habla. Esta, en lugar de hacer que brille la verdad, se puede convertir
en un arma peligrosa. De hecho, nuestras palabras se pueden convertir en
adulación, vanagloria, mentira, maledicencia, calumnia. Es un dato de
experiencia que, como nos recuerda el Libro del Eclesiástico, «muchos han caído
a filo de espada, mas no tantos como los caídos por la lengua» (28,18). Jesús
lo dijo claramente: quien habla mal del hermano y de la hermana, quien calumnia
al prójimo, es homicida (cf. Mt 5,21-22). Mata con la lengua. Nosotros
no creemos en esto pero es la verdad. Pensemos un poco en las veces que hemos
matado con la lengua ¡nos avergonzaremos! Pero nos hará muy bien, muy bien.
La sabiduría bíblica afirma que «muerte y vida estarán en poder de
la lengua, el que la ama comerá su fruto» (Pr 18,21). Y el apóstol
Santiago, en su Carta, desarrolla este antiguo tema del poder, positivo y
negativo, de la palabra con ejemplos deslumbrantes y dice así: «Si alguno no
cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. […]
también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. […]
Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres,
hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la
maldición» (3,2-10).
Este es el motivo por el cual debemos aprender de José a cultivar
el silencio: ese espacio de interioridad en nuestras jornadas en el que damos
la posibilidad al Espíritu de regenerarnos, de consolarnos, de corregirnos. No
digo caer en un mutismo, no, sino cultivar el silencio. Cada uno mire dentro de
sí: muchas veces estamos haciendo un trabajo y cuando terminamos enseguida
buscamos el móvil para hacer otra cosa, siempre estamos así. Y esto no ayuda,
esto nos hace caer en la superficialidad. La profundidad del corazón crece con
el silencio, silencio que no es mutismo, como he dicho, sino que deja espacio a
la sabiduría, a la reflexión y al Espíritu Santo. A veces tenemos miedo de los
momentos de silencio, ¡pero no debemos tener miedo! Nos hará mucho bien el
silencio. Y el beneficio del corazón que tendremos sanará también nuestra
lengua, nuestras palabras y sobre todo nuestras decisiones. De hecho,
José ha unido la acción al silencio. Él no ha hablado, pero ha
hecho, y nos ha mostrado así lo que un día Jesús dijo a sus discípulos: «No
todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el
que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Palabras fecundas
cuando hablemos, nos recordamos de aquella canción “Palabras, palabras,
palabras…” y nada de sustancial. Silencio, hablar justo, alguna vez morderse la
lengua, que hace bien, en vez de decir tonterías.
Concluimos con una oración:
San José, hombre de silencio,
tú que
en el Evangelio no has pronunciado ninguna palabra,
enséñanos
a ayunar de las palabras vanas,
a
redescubrir el valor de las palabras que edifican, animan, consuelan,
sostienen.
Hazte
cercano a aquellos que sufren a causa de las palabras que hieren,
como las
calumnias y las maledicencias,
y
ayúdanos a unir siempre los hechos a las palabras. Amén.
AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO
Aula Pablo VI
Miércoles, 15 de diciembre de 2021
FUENTE: VATICAN_VA
CATEQUESIS PAPA
FRANCISCO SOBRE SAN JOSE:
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 1: “SAN JOSE
Y EL AMBIENTE EN EL QUE VIVIÓ”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 2: “SAN JOSE
EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 3: “JOSÉ,
HOMBRE JUSTO Y ESPOSO DE MARIA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 4: “SAN
JOSE, HOMBRE DEL SILENCIO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 5: “SAN
JOSE, EMIGRANTE PERSEGUIDO Y VALIENTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 6: “SAN
JOSE, EL PADRE PUTATIVO DE JESUS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 7: “SAN JOSE
EL CARPINTERO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 8: “SAN JOSE
PADRE EN LA TERNURA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 9: “SAN
JOSE, HOMBRE QUE “SUEÑA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 11: “SAN
JOSE, PATRONO DE LA BUENA MUERTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 12: “SAN JOSE, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL”.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
PALABRA DE VIDA DE DICIEMBRE DE 2021.
«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45).
También
en este mes la Palabra de vida nos propone una bienaventuranza. Es el saludo
gozoso e inspirado de una mujer, Isabel, a otra mujer, María, que ha ido a su
casa para ayudarla. Sí, porque ambas esperan un hijo y ambas, profundamente
creyentes, han acogido la Palabra de Dios y han experimentado su poder
generador en su propia pequeñez.
María
es la primera bienaventurada del Evangelio de Lucas, aquella que experimenta la
alegría de la intimidad con Dios. Con esta bienaventuranza, el evangelista
introduce la reflexión sobre la relación entre la Palabra de Dios anunciada y
la fe que la acoge, entre la iniciativa de Dios y la libre adhesión de la
persona.
«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»,
María
es la verdadera creyente en la promesa «a Abraham y a su linaje por los siglos»
(cf. Lc 1, 55). Está tan vacía de sí misma, tan humilde y abierta a escuchar la
Palabra, que el mismo Verbo de Dios puede encarnarse en su seno y entrar en la
historia de la humanidad.
Nadie
podrá experimentar la maternidad virginal de María, pero todos podemos imitar
su confianza en el amor de Dios. Si la Palabra es acogida con corazón abierto,
puede encarnarse también en nosotros con sus promesas y hacer fecunda nuestra
vida de ciudadanos, padres y madres, estudiantes, trabajadores y políticos,
jóvenes y ancianos, sanos y enfermos.
¿Y si
nuestra fe es insegura, como la de Zacarías (cf. Lc 1, 5-25; 67-79)? Sigamos
confiando en la misericordia de Dios Él no dejará de buscarnos hasta que
descubramos también nosotros su fidelidad y lo bendigamos.
«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Entre
las mismas colinas de Tierra Santa, pero en tiempos mucho más próximos a los
nuestros, otra madre profundamente creyente enseñaba a sus hijos el arte del
perdón y del diálogo que había aprendido en el Evangelio. Es un pequeño signo
en esta tierra cuna de civilizaciones, que siempre busca la paz y la
estabilidad entre fieles de religiones diversas. Cuenta Margaret: «A nosotros,
sus hijos, ofendidos por expresiones de rechazo de otros niños vecinos
nuestros, nuestra madre nos dijo: "Invitad a esos niños a nuestra
casa"; ella misma les dio pan recién hecho en casa para que lo llevasen a
sus familias. Desde entonces hemos mantenido relaciones de amistad con esas
personas».
También
Chiara Lubich nos sostiene en esta fe valiente: «Después de Jesús, María es
quien mejor y más perfectamente ha sabido decir sí a Dios. Ahí radica sobre
todo su santidad y su grandeza. Y si Jesús es el Verbo, la Palabra encarnada,
María, por su fe en la Palabra, es la Palabra vivida, aun siendo una criatura
como nosotros, igual a nosotros. [...] Así pues, creamos con María que se
realizarán todas las promesas contenidas en la Palabra de Jesús y atrevámonos
como María, en caso necesario, a exponernos al absurdo que a veces conlleva su
Palabra. A quien cree en la Palabra le suceden hechos grandes y pequeños, pero
siempre maravillosos. Se podrían escribir libros con los hechos que lo
confirman. [...] Cuando, en la vida de todos los días, al leer las Sagradas
Escrituras, nos encontremos con la Palabra de Dios, abramos el corazón a la
escucha, con la fe de que se cumplirá lo que Jesús nos pide y promete. No
tardaremos en descubrir [...] que Él mantiene sus promesas».
«¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
En
este tiempo de preparación a la Navidad, recordemos la sorprendente promesa de
Jesús de hacerse presente entre quienes acogen y viven el mandamiento del amor
recíproco: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre -es decir, en el amor
evangélico-, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20).
Confiados
en esta promesa, dejemos que Jesús renazca también hoy en nuestras casas y en
nuestras calles gracias a la acogida recíproca, a la escucha profunda del otro,
al abrazo fraterno como el de María e Isabel.
LETIZIA MAGRI
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 3: “JOSÉ, HOMBRE JUSTO Y ESPOSO DE MARIA”.
Catequesis sobre san
José 3. José, hombre justo y esposo de María
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Seguimos nuestro camino de reflexión sobre la figura de san José.
Hoy quisiera profundizar en su ser “justo” y “desposado con María”, y dar así
un mensaje a todos los novios, también a los recién casados. Muchas historias
relacionadas con José llenan los pasajes de los evangelios apócrifos, es decir,
no canónicos, que han influido también en el arte y diferentes lugares de
culto. Estos escritos que no están en la Biblia —son historias que la piedad
cristiana hacía en esa época— responden al deseo de colmar los vacíos
narrativos de los Evangelios canónicos, los que están en la Biblia, los cuales
nos dan todo lo que es esencial para la fe y la vida cristiana.
El evangelista Mateo. Esto es importante: ¿qué dice el Evangelio
sobre José? No qué dicen esos evangelios apócrifos, que no son una cosa fea o
mala; son bonitos, pero no son la Palabra de Dios. En cambio, los Evangelios,
que están en la Biblia, son la Palabra de Dios. Entre estos el evangelista
Mateo que define José como hombre “justo”. Escuchamos su pasaje: «La
generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada
con José y, antes de estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del
Espíritu Santo. Su marido José como era justo y no quería ponerla en evidencia,
resolvió repudiarla en secreto» (1,18-19). Porque los novios, cuando la novia
no era fiel o se quedaba embarazada, ¡tenían que denunciarla! Y las mujeres en
aquella época eran lapidadas. Pero José era justo. Dice: “No, esto no lo haré.
Me quedaré callado”.
Para comprender el comportamiento de José en relación con María,
es útil recordar las costumbres matrimoniales del antiguo Israel. El matrimonio
comprendía dos fases muy definidas. La primera era como un noviazgo oficial,
que conllevaba ya una situación nueva: en particular la mujer, incluso viviendo
aún en la casa paterna todavía durante un año, era considerada de hecho “mujer”
del prometido esposo. Todavía no vivían juntos, pero era como si fuera la
esposa. El segundo hecho era el traslado de la esposa de la casa paterna a la
casa del esposo. Esto sucedía con una procesión festiva, que completaba el
matrimonio. Y las amigas de la esposa la acompañaban allí. En base a estas
costumbres, el hecho de que «antes de estar juntos ellos, se encontró encinta»,
exponía a la Virgen a la acusación de adulterio. Y esta culpa, según la Ley
antigua, tenía que ser castigada con la lapidación (cf. Dt 22,20-21).
Sin embargo, en la praxis judía sucesiva se había afianzado una interpretación
más moderada que imponía solo el acto de repudio, pero con consecuencias
civiles y penales para la mujer, pero no la lapidación.
El Evangelio dice que José era “justo” precisamente por estar
sujeto a la ley como todo hombre pío israelita. Pero dentro de él el amor por
María y la confianza que tiene en ella le sugieren una forma que salva la
observancia de la ley y el honor de la esposa: decide repudiarla en secreto,
sin clamor, sin someterla a la humillación pública. Elige el camino de la
discreción, sin juicio ni venganza. ¡Pero cuánta santidad en José! Nosotros,
que apenas tenemos una noticia un poco folclorista o un poco fea sobre alguien,
¡vamos enseguida al chismorreo! José sin embargo está callado.
Pero añade enseguida el evangelista Mateo: «Así lo tenía planeado,
cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de
David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es
del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús porque
él salvará a su pueblo de sus pecados”» (1,20-21). Interviene en el
discernimiento de José la voz de Dios que, a través de un sueño, le desvela un
significado más grande de su misma justicia. ¡Y qué importante es para cada uno
de nosotros cultivar una vida justa y al mismo tiempo sentirnos siempre
necesitados de la ayuda de Dios! Para poder ampliar nuestros horizontes y
considerar las circunstancias de la vida desde un punto de vista diferente, más
amplio. Muchas veces nos sentimos prisioneros de lo que nos ha sucedido: “¡Pero
mira lo que me ha pasado!” y nosotros permanecemos prisioneros de esa cosa mala
que nos ha pasado; pero precisamente ante algunas circunstancias de la vida,
que nos parecen inicialmente dramáticas, se esconde una Providencia que con el
tiempo toma forma e ilumina de significado también el dolor que nos ha
golpeado. La tentación es cerrarnos en ese dolor, en ese pensamiento de
las cosas no bonitas que nos suceden a nosotros. Y esto no hace bien. Esto
lleva a la tristeza y a la amargura. El corazón amargo es muy feo.
Quisiera que nos detuviéramos a reflexionar sobre un detalle de
esta historia narrada por el Evangelio y que muy a menudo descuidamos. María y
José son dos novios que probablemente han cultivado sueños y expectativas
respecto a su vida y a su futuro. Dios parece entrar como un imprevisto en su
historia y, aunque con un esfuerzo inicial, ambos abren de par en par el
corazón a la realidad que se pone ante ellos.
Queridos hermanos y hermanas, muy a menudo nuestra vida no es como
la habíamos imaginado. Sobre todo, en las relaciones de amor, de afecto, nos
cuesta pasar de la lógica del enamoramiento a la del amor maduro. Y se debe
pasar del enamoramiento al amor maduro. Vosotros recién casados, pensad bien en
esto. La primera fase siempre está marcada por un cierto encanto, que nos hace
vivir inmersos en un imaginario que a menudo no corresponde con la realidad de
los hechos. Pero precisamente cuando el enamoramiento con sus expectativas
parece terminar, ahí puede comenzar el amor verdadero. Amar de hecho no es
pretender que el otro o la vida corresponda con nuestra imaginación; significa
más bien elegir en plena libertad tomar la responsabilidad de la vida, así como
se nos ofrece. Es por esto por lo que José nos da una lección importante, elige
a María “con los ojos abiertos”. Y podemos decir con todos los riesgos. Pensad,
en el Evangelio de Juan, un reproche que hacen los doctores de la ley a Jesús
es este: “Nosotros no somos hijos que provienen de allí”, en referencia a la
prostitución. Pero porque estos sabían cómo se había quedado embarazada María y
querían ensuciar a la madre de Jesús. Para mí es el pasaje más sucio, más
demoniaco del Evangelio. Y el riesgo de José nos da esta lección: toma la vida
como viene. ¿Dios ha intervenido ahí? La tomo. Y José hace como le había
ordenado el Ángel del Señor: de hecho, dice el Evangelio: «Despertándose José
del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su
mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por
nombre Jesús» (Mt 1,24-25). Los novios cristianos están llamados a
testimoniar un amor así, que tenga la valentía de pasar de las lógicas del
enamoramiento a las del amor maduro. Y esta es una elección exigente, que, en
lugar de aprisionar la vida, puede fortificar el amor para que sea duradero
frente a las pruebas del tiempo. El amor de una pareja va adelante en la
vida y madura cada día. El amor del noviazgo es un poco —permitidme la palabra—
un poco romántico. Vosotros lo habéis vivido todo, pero después empieza
el amor maduro, de todos los días, el trabajo, los niños que llegan. Y a veces
el romanticismo desaparece un poco. ¿Pero no hay amor? Sí, pero amor maduro.
“Pero sabe, padre, nosotros a veces nos peleamos…”. Esto sucede desde el tiempo
de Adán y Eva hasta hoy: que los esposos peleen es el pan nuestro de cada día.
“¿Pero no se debe pelear?” Sí, se puede. “Y, padre, pero a veces levantamos la
voz” – “Sucede”. “Y también a veces vuelan los platos” – “Sucede”. ¿Pero qué
hacer para que no se dañe la vida del matrimonio? Escuchad bien: no terminar
nunca el día sin hacer las paces. Hemos peleado, yo te he dicho palabrotas,
Dios mío, te he dicho cosas feas. Pero ahora termina la jornada: tengo que
hacer las paces. ¿Sabéis por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy
peligrosa. No dejéis que el día siguiente empiece con una guerra. Por eso hacer
las paces antes de ir a la cama. Recordadlo siempre: nunca terminar el día sin
hacer las paces. Y esto os ayudará en la vida matrimonial. Este recorrido del
enamoramiento al amor maduro es una elección exigente, pero tenemos que ir
sobre ese camino.
Y también esta vez concluimos con una oración a san José.
San José,
tú que has amado a María con libertad,
y has elegido renunciar a tu imaginario para hacer espacio a la realidad,
ayuda a cada uno de nosotros a dejarnos sorprender por Dios
y a acoger la vida no como un imprevisto del que defendernos,
sino como un misterio que esconde el secreto de la verdadera alegría.
Obtén para todos los novios cristianos la alegría y la radicalidad,
pero conservando siempre la conciencia
de que solo la misericordia y el perdón hacen posible el amor. Amén.
Aula Plablo VI
Miércoles, 1 de diciembre de 2021
FUENTE: VATICAN_VA
CATEQUESIS PAPA
FRANCISCO SOBRE SAN JOSE:
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 1: “SAN JOSE
Y EL AMBIENTE EN EL QUE VIVIÓ”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 2: “SAN JOSE
EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 3: “JOSÉ,
HOMBRE JUSTO Y ESPOSO DE MARIA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 4: “SAN
JOSE, HOMBRE DEL SILENCIO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 5: “SAN
JOSE, EMIGRANTE PERSEGUIDO Y VALIENTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 6: “SAN
JOSE, EL PADRE PUTATIVO DE JESUS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 7: “SAN JOSE
EL CARPINTERO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 8: “SAN JOSE
PADRE EN LA TERNURA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 9: “SAN
JOSE, HOMBRE QUE “SUEÑA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 11: “SAN
JOSE, PATRONO DE LA BUENA MUERTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 12: “SAN
JOSE, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL”.
martes, 30 de noviembre de 2021
26 DE FEBRERO BEATIFICACION DE 16 MARTIRES DEL SIGLO XX EN GRANADA.
FUENTE:
NOTICIAS ARCHIDIOCESIS DE GRANADA.
La Archidiócesis de Granada acogerá el 26 de
febrero de 2022, en la S.I Catedral, la ceremonia de beatificación de 16
mártires del siglo XX en Granada, que murieron perdonando a sus verdugos.
Precisamente, el lema de estas beatificaciones afirman esa vida entregada por
amor a Dios, por encima de su propia vida, perdonando: “Tu Gracia vale más que
la vida”.
Los próximos nuevos beatos granadinos son
sacerdotes en su mayoría, así como un seminarista y un laico, víctimas de la
persecución religiosa en España en los años 1936-1939. Los nuevos beatos forman
parte de la Causa de beatificación Cayetano Giménez Martínez y 15 compañeros
mártires y son los siguientes:
Cayetano
Giménez Martín, párroco de la Encarnación y arcipreste de Loja
José Becerra Sánchez, presbítero
José Jiménez Reyes, coadjuntor de Santa Catalina y Encargado de Riofrío
Pedro Ruiz de Valdivia, arcipreste de Alhama de Granada
Francisco Morales Valenzuela, nacido y martirizado en Alhama de Granada
José Frías Ruiz, coadjutor de Alhama de Granada.
Manuel Vázquez Alfalla, mártir de Motril
Ramón Cervilla Luis, mártir de Almuñécar
Lorenzo Palomino Villaescusa, mártir de Salobreña
José Rescalvo Ruiz, mártir de Cádiar
Manuel Vilches Montalvo, mártir de Iznalloz
José María Polo Rejón, mártir de Arenas del Rey
Juan Bazaga Palacios, mártir de La Herradura
Miguel Romero Rojas, sacerdote y mártir de Coín
Antonio Caba Pozo, seminarista
José Muñoz Calvo, laico, presidente de Acción Católica de Alhama de Granada
El 29 de noviembre de 2019 la Santa Sede
comunicó la promulgación del Decreto que anuncia esta próxima beatificación. La
apertura del proceso diocesano para estudiar la causa de beatificación se abrió
el 1 de julio de 1999 y concluyó en su fase diocesana el 28 de septiembre de
ese año.
La ceremonia de beatificación se celebra este
26 de febrero de 2022, tras haberse suspendido por motivos de la pandemia.
ENTRADAS RELACIONADAS:
CAYETANO GIMENEZ
MARTIN Y COMPAÑEROS MARTIRES.
EL PAPA APRUEBA
LA BEATIFICACIÓN DE 16 MÁRTIRES GRANADINOS DE LA GUERRA CIVIL.
CAYETANO GIMÉNEZ
MARTÍN Y COMPAÑEROS MÁRTIRES DEL SIGLO XX DE GRANADA.
23 DE MAYO,
CEREMONIA DE BEATIFICACIÓN DE 16 MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN GRANADA.
PARA LA PRÓXIMA
PRIMAVERA SE ESPERA LA BEATIFICACIÓN DEL SACERDOTE SALOBREÑERO LORENZO
PALOMINO.
SE POSPONE HASTA
NUEVO AVISO LA CEREMONIA DE BEATIFICACIÓN DE 16 MÁRTIRES GRANADINOS.
MARTIRES DE
GRANADA DEL SIGLO XX.
16 JOSE MUÑOZ
CALVO. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
15 MIGUEL ROMERO
ROJAS. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
14 ANTONIO CABA
POZO. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
13 UAN BAZAGA
PALACIOS. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
12 JOSE MARIA
POLO REJON. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
11 MANUEL
VILCHEZ MONTALVO. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
10 JOSE ANTONIO
RESCALVO RUIZ. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
9 ORENZO
PALOMINO VILLAESCUSA. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
8 RAMON CERVILLA LUIS. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
7 MANUEL VAZQUEZ
ALFALLA. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
6 JOSE FRIAS
RUIZ. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
5 FRANCISCO
MORALES VALENZUELA. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
4 PEDRO RUIZ DE
VALDIVIA. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
3 JOSE JIMENEZ
REYES. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
2 JOSE BECERRA
SANCHEZ. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
1 CAYETANO
GIMÉNEZ MARTÍN. MARTIR DE GRANADA DEL SIGLO XX.
jueves, 25 de noviembre de 2021
LANZAMIENTO DE UNA WEB QUE MUESTRA LA SANTIDAD DE LOS GRANADINOS.
FUENTE: ARCHIDIOCESIS DE GRANADA.
En
santosybeatos.archidiocesisgranada.es, se ofrece el testimonio de los
granadinos en proceso de beatificación, beatificados, canonizados, o cuya causa
está abierta, y que constituyen la riqueza de fe en Jesucristo vivida y
transmitida en nuestra diócesis.
El Salmo que cantamos en la liturgia
de las Horas nos recuerda que “Tu Gracia vale más que la vida”. La sangre de
los mártires, que fueron asesinados por motivos de su fe en Jesucristo y
murieron perdonando a sus verdugos, hace palpable la afirmación de este Salmo:
“Tu Gracia vale más que la vida”. El testimonio de los mártires y del pueblo de
santidad –beatos, santos, siervos de Dios…- en la Archidiócesis de Granada está
ahora recogida en una web que irá completándose a medida que vayan surgiendo
nuevas causas y cerrando otras.
Además de las semblanzas de los beatos
y santos de nuestra diócesis, la web también incluye un apartado con documentos
de la Santa Sede en materia de santidad, noticias y un apartado destacado sobre
la próxima beatificación de los 16 mártires granadinos en la persecución
religiosa en España entre 1936 1939, que se celebrarán en nuestra diócesis.
Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación
Social
miércoles, 24 de noviembre de 2021
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 2: “SAN JOSE EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN”.
Catequesis
sobre san José 2. San José en la historia de salvación
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El miércoles pasado empezamos el ciclo de catequesis sobre la
figura de san José —está terminando el año dedicado a él—. Hoy proseguimos este
recorrido deteniéndonos en su rol en la historia de la salvación.
Jesús en los Evangelios es indicado como «hijo de José» (Lc 3,23;
4,22; Jn 1,45; 6,42) e «hijo del carpintero» (Mt 13,55; Mc 6,3).
Los Evangelistas Mateo y Lucas, narrando la infancia de Jesús, dan espacio al
rol de José. Ambos componen una “genealogía”, para evidenciar la historicidad
de Jesús. Mateo, dirigiéndose sobre todo a los judeocristianos, parte de
Abraham para llegar a José, definido «el esposo de María, de la que nació
Jesús, llamado Cristo» (1,16). Lucas, sin embargo, se remonta hasta Adán,
empezando directamente por Jesús, que «era hijo de José», pero precisa: «según
se creía» (3,23). Por tanto, ambos evangelistas presentan a José no como padre
biológico, pero de todas formas como padre de Jesús en toda regla. A través de
él, Jesús realiza el cumplimiento de la historia de la alianza y de la salvación
transcurrida entre Dios y el hombre. Para Mateo esta historia comienza con
Abraham, para Lucas con el origen mismo de la humanidad, es decir con Adán.
El evangelista Mateo nos ayuda a comprender que la figura de José,
aunque aparentemente marginal, discreta, en segunda línea, representa sin
embargo una pieza fundamental en la historia de salvación. José vive su
protagonismo sin querer nunca adueñarse de la escena. Si lo pensamos, «nuestras
vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente
olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, […].
Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños,
con gestos pequeños, con gestos cotidianos, cómo enfrentar y transitar una
crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas
personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos» (Cart. ap. Patris corde, 1). Así, todos pueden
hallar en san José, el hombre que pasa inobservado, el hombre de la presencia
cotidiana, de la presencia discreta y escondida, un intercesor, un apoyo y una
guía en los momentos de dificultad. Él nos recuerda que todos aquellos que
están aparentemente escondidos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin
igual en la historia de la salvación. El mundo necesita a estos hombres y a
estas mujeres: hombres y mujeres en segunda línea, pero que sostienen el desarrollo
de nuestra vida, de cada uno de nosotros, y que, con la oración, con el
ejemplo, con la enseñanza nos sostienen en el camino de la vida.
En el Evangelio de Lucas, José aparece como el custodio de
Jesús y de María. Y por esto es también «el Custodio de la Iglesia: si ha
sido el custodio de Jesús y de María, trabaja, ahora que está en los cielos, y
sigue haciendo el custodio, en este caso de la Iglesia; porque la Iglesia es la
extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad
de la Iglesia se refleja la maternidad de María. José, a la vez que
continúa protegiendo a la Iglesia —por favor, no os olvidéis de esto: hoy, José
protege la Iglesia— sigue amparando al Niño y a su madre» (ibid.,
5). Este aspecto de la custodia de José es la gran respuesta al pasaje del
Génesis. Cuando Dios le pide a Caín que rinda cuentas sobre la vida de Abel, él
responde: «¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?» (4,9). José, con su vida,
parece querer decirnos que siempre estamos llamados a sentirnos custodios de
nuestros hermanos, custodios de quien se nos ha puesto al lado, de quien el
Señor nos encomienda a través de muchas circunstancias de la vida.
Una sociedad como la nuestra, que ha sido definida “líquida”,
porque parece no tener consistencia. Yo corregiré a ese filósofo que acuñó esta
definición y diré: más que líquida, gaseosa, una sociedad propiamente gaseosa.
Esta sociedad líquida, gaseosa encuentra en la historia de José una indicación
bien precisa sobre la importancia de los vínculos humanos. De hecho, el
Evangelio nos cuenta la genealogía de Jesús, además de por una razón teológica,
para recordar a cada uno de nosotros que nuestra vida está hecha de vínculos
que nos preceden y nos acompañan. El Hijo de Dios, para venir al mundo, ha elegido
la vía de los vínculos, la vía de la historia: no bajó al mundo mágicamente,
no. Hizo el camino histórico que hacemos todos nosotros.
Queridos hermanos y hermanas, pienso en muchas personas a las que
les cuesta encontrar vínculos significativos en su vida, y precisamente por
esto cojean, se sienten solos, no tienen la fuerza y la valentía para ir
adelante. Quisiera concluir con una oración que les ayude y nos ayude a todos
nosotros a encontrar en san José un aliado, un amigo y un apoyo.
San José,
tú que has custodiado el vínculo con María y con Jesús,
ayúdanos a cuidar las relaciones en nuestra vida.
Que nadie experimente ese sentido de abandono
que viene de la soledad.
Que cada uno se reconcilie con la propia historia,
con quien le ha precedido,
y reconozca también en los errores cometidos
una forma a través de la cual la Providencia se ha hecho camino,
y el mal no ha tenido la última palabra.
Muéstrate amigo con quien tiene mayor dificultad,
y como apoyaste a María y Jesús en los momentos difíciles,
apóyanos también a nosotros en nuestro camino. Amén.
Aula Pablo VI
Miércoles, 24 de noviembre de 2021
FUENTE: VATICAN_VA
CATEQUESIS PAPA
FRANCISCO SOBRE SAN JOSE:
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 1: “SAN JOSE
Y EL AMBIENTE EN EL QUE VIVIÓ”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 2: “SAN JOSE
EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 3: “JOSÉ,
HOMBRE JUSTO Y ESPOSO DE MARIA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 4: “SAN
JOSE, HOMBRE DEL SILENCIO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 5: “SAN
JOSE, EMIGRANTE PERSEGUIDO Y VALIENTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 6: “SAN
JOSE, EL PADRE PUTATIVO DE JESUS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 7: “SAN JOSE
EL CARPINTERO”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 8: “SAN JOSE
PADRE EN LA TERNURA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 9: “SAN
JOSE, HOMBRE QUE “SUEÑA”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 10: “SAN
JOSE Y LA COMUNION DE LOS SANTOS”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 11: “SAN
JOSE, PATRONO DE LA BUENA MUERTE”.
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSE 12: “SAN JOSE, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL”.


