lunes, 19 de agosto de 2019

EVANGELIO DEL 18 DE AGOSTO DE 2019: “HE VENIDO A PRENDER FUEGO EN EL MUNDO”.


San Lucas (12,49-53)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».


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La imagen es de FANO, tomada de la red.
Es uno de esas lecturas del Evangelio que no te dejan indiferente y te preguntas que quería decir Jesús. Nadie mejor que el Papa Francisco para comentarlo.
Aunque su comentario es del 18 de agosto de 2013, nos ha ayudado a comprender este pasaje bíblico.

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FUENTE: RELIGIÓN DIGITAL, 18 de agosto 2013.
El Papa comentó este domingo en la Plaza de San Pedro, antes de rezar el Ángelus, las palabras de Jesucristo en el Evangelio del día: "¿Acaso pensáis que he venido a traer paz sobre la tierra? No, os lo aseguro, sino división" (Lc 12, 51). Unas palabras, anticipó Francisco, "que no ponen en crisis, y que hay que explicar para evitar malentendidos".
"¿Qué significa esto?", se preguntó el Papa: "Significa que la fe no es algo decorativo, ornamental, no es para decorar la vida con un poco de religión, como una tarta a la que se le pone la nata. ¡No! La fe implica elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es algo vacío, no es neutro. ¡Dios es amor! Dios es siempre positivo, es amor positivo".
Signo de contradicción
Seguidamente concretó esta idea: "Después de que Jesús viniese al mundo, ya no podemos hacer como si no conociésemos a Dios, como si fuese una abstracción, una referencia, algo nominal. No, Dios tiene un rostro, tiene un nombre: Dios es misericordia, es fidelidad, es vida que se entrega. Por eso Jesús dice que ha venido a traer división".
Pero "no es que Jesús quiera dividir a los hombres, ¡al contrario! ¡Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación! Pero esta paz no es neutralidad, no es consenso a toda costa. No es la paz de los sepulcros. Seguir a Jesús implica renunciar al mal, al egoísmo, y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando eso exige sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y eso divide, lo sabemos, divide incluso los vínculos más estrechos".
"Atención", insistió: "¡No es Jesús quien divide! Él pone el criterio: o vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. Es en ese sentido en el que Jesús es ´signo de contradicción´ (Lc 2, 34)".
Fortaleza vs violencia
"Por tanto, estas palabras del Evangelio no autorizan en modo alguno el uso de la fuerza para difundir la fe", concluyó Francisco: "Es justo al revés: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que implica renunciar a toda violencia. La fe y la violencia son incompatibles". Y reiteró: "¡La fe y la violencia son incompatibles!".
Pero, añadió, sí hay una relación entre "la fe y la fortaleza, que van unidas. El cristiano no es violento, pero es fuerte, con la fortaleza de la misericordia".
Tras el Angelus, el Papa quiso insistir espontáneamente en una de las ideas que había expresado antes: "Seguir a Jesucristo no es neutro, exige involucrarse. La fe no es decorativa, porque es una fuerza del alma".

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