lunes, 19 de agosto de 2019

NO ME MUEVE, MI DIOS, PARA QUERERTE.



No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 

ni me mueve el infierno tan temido 
para dejar por eso de ofenderte. 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en esa cruz y escarnecido, 
muéveme el ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte. 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y, aunque no hubiera infierno, te temiera. 

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues, aunque lo que espero no esperara, 
lo mismo que te quiero te quisiera

Anónimo

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