viernes, 27 de enero de 2017

MARTIRES DE ALMERIA (9). SIERVO DE DIOS DON LUIS EDUARDO LÓPEZ GASCÓN

Nacido en una ilustre familia granadina, con diecisiete años huyó a Roma para abrazar una vida humilde como religioso pasionista. Tras completar su formación en Lucca y Roma, fue ordenado presbítero el uno de enero de 1880.
Miembro fundador de la primera comunidad pasionista de España, marchó como misionero a México. Diferencias con los religiosos hicieron que se integrara en el clero secular en 1883, desarrollando el ministerio pastoral en México e Italia. Incardinado en su Archidiócesis natal de Granada desde 1887, le encomendaron la parroquia de Viso de Alcor. Como párroco de san Nicolás de Bari de Alhama de Almería realizó una gran labor, promoviendo el patronazgo de la Purísima y fomentando las vocaciones sacerdotales. En 1905 se hizo cargo de la parroquia de Algarinejo y de La Zubia en 1909.
En 1911 tomó posesión de la parroquia de Adra y del arciprestazgo de Berja. A los abderitanos entregó los siguientes veinticinco años de su vida, iluminándolos con su santidad. Siempre caritativo, promovió los estudios entre sus feligreses y les abrió las puertas de su gran biblioteca. Venerado por todos, supo ejercer un gran apostolado con la ayuda de sus dos coadjutores y la seglar doña Carmen Godoy Calvache. Todos serán beatificados próximamente.
La Persecución Religiosa comenzó pronto en Adra, aunque antes tuvo oportunidad de peregrinar a Tierra Santa. Desde el incendio del templo parroquial en 1933 lo acosaron sin descanso. El catorce de abril de 1936 saquearon su casa. Con valentía resistió hasta julio, refugiándose en Vera y Almería. Detenido en agosto, lo arrastraron a Alhama de Almería donde fue torturado por negarse a blasfemar. Trasladado a Almería, compartió prisión y martirio con el Siervo de Dios don José Álvarez Benavides de la Torre. A sus ochenta y un años, fue forzado a tragar sus medallas religiosas antes del martirio.

Once días antes de su muerte había escrito: «Cuanto tenía, Dios me lo ha dado y Él me lo ha quitado. Sea bendito su Santo Nombre. […] Ahora es cuando principio a ser discípulo de Jesucristo.»

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